E.g., 06/26/2020
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La Bienvenida Se Agota para Colombianos en Ecuador Mientras Venezolanos Se Hacen Más Visibles

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La Bienvenida Se Agota para Colombianos en Ecuador Mientras Venezolanos Se Hacen Más Visibles

El hijo de colombianos que buscaron refugio en Ecuador. (Foto: Michelle Snow/USAID)

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Como resultado del conflicto internacional de varias décadas, Colombia produjo más de 7 millones de personas desplazadas. Una gran parte de estas optaron por ir al sur haciendo de Ecuador el país receptor de solicitantes de asilo y refugiados más grande de América latina. Durante dos décadas de experiencia como país anfitrión, Ecuador desarrolló una reputación progresista por sus protecciones legales.

La vida para los migrantes colombianos en Ecuador se ha vuelto más difícil como resultado de varios factores: el acuerdo de paz del 2016 entre el gobierno colombiano y las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia (FARC, un grupo armado envuelto en el conflicto interno colombiano), cambios de gobierno en Ecuador y Colombia, y un flujo considerable de migrantes venezolanos escapando una catástrofe humanitaria.

Los migrantes colombianos reportan niveles altos de discriminación, casi dos de cada cinco han sido víctimas de un crimen en el año pasado, de acuerdo con una encuesta hecha por los autores en julio de 2019 en Quito, Ecuador. También reportan poca confianza en instituciones ecuatorianas, muestran renuencia a participar en la sociedad civil, y tratan de mantener un bajo perfil para evitar ser blancos de desdén. Sin embargo, por lo pronto la mayoría espera seguir viviendo en Ecuador, ya que dudan que el acuerdo de paz pueda mejorar la situación de seguridad en Colombia en el futuro inmediato.

Por otro lado, los venezolanos recién llegados son cada vez más visibles. Hasta septiembre del 2019, ya había 370,000 viviendo en Ecuador. Aunque ellos también reportaron algo de discriminación, también mostraron más confianza en las instituciones ecuatorianas, y señalaron tener más esperanza de salir del país en el futuro. Basado en datos de una encuesta a seis diferentes poblaciones de migrantes en Quito, este artículo examina lo que ha cambiado en Ecuador y porque importa para los colombianos y venezolanos.

La reputación de Ecuador como refugio migratorio es puesta a prueba

Después de una crisis económica en el 2000, Ecuador pasó de ser primordialmente uno de los mayores productores de emigrantes a simultáneamente convertirse en el país receptor de refugiados más grande en el hemisferio: 97 por ciento de los refugiados en Ecuador han sido colombianos durante los últimos 20 años. También durante este periodo el país fue testigo de la duplicación de personas extranjeras viviendo en Ecuador, pasando de 1.2 por ciento en 2000 a un 2.4 por ciento de una población de 16.2 millones de personas en el 2015, de acuerdo con el Banco Mundial.

Ecuador tiene leyes relativamente liberales, protecciones constitucionales e instituciones formales para migrantes y refugiados, pero estas han sido implementadas de manera desigual. La constitución del 2008 prohíbe la discriminación basada en nacionalidad o estado migratorio y declara que ningún ser humano es ilegal. En 2009-2010, Ecuador ganó reconocimiento internacional por su innovadora iniciativa móvil de registración de refugiados, “registro ampliado,” que fue financiado e implementado junto con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y en un año duplicó el número de refugiados registrados en el país. Para octubre de 2019, el país era hogar para más de 68,000 refugiados—la gran mayoría colombianos. En 2018 y 2019, los venezolanos representaron más del doble de los colombianos que solicitaron asilo. Sin embargo, en años más recientes Ecuador ha endurecido sus requisitos para conceder la condición de refugiado a raíz de reacciones negativas y temor que sus estándares para la valoración de condición de refugio fueran poco exigentes. La figura 1 muestra el número de solicitantes de asilo, refugiados reconocidos, y el nivel de aceptación (i. e. el porcentaje de personas que solicitan asilo y son aceptados como tales) en Ecuador de 2009 a 2019.

Figura 1. Número de refugiados, solicitantes de asilo, y el nivel de aceptación, 2000-19

Fuentes: Ministerio de Relaciones Exteriores, “Estadísticas de refugiados (histórico),” actualizado el 5 de noviembre de 2019, disponible en línea; Ministerio de Relaciones Exteriores, “Estadísticas peticionarios desagregado por año, sexo y group etario,” actualizado el 5 de noviembre de 2019, disponible en línea.

Después del 2011, el gobierno ecuatoriano redujo dramáticamente el nivel de aceptación (que se quedó en menos del 5 por ciento entre 2014 y 2017) optando por fomentar más bien visas de Mercosur u otras visas no de refugiados. Al mismo tiempo que se han desenfatizado las protecciones de refugiados, el país ha tomado medidas que han beneficiado otro tipo de migrantes y el nivel de aceptación ha incrementado en los últimos años. En 2017, una ley de movilidad humana que estuvo bajo negociación por más de una década finalmente pasó, clarificando y codificando un número de protecciones. El gobierno también estuvo de acuerdo en proveer representación legal a través de la oficina de la defensoría pública del Ecuador para solicitantes de asilo que necesitaran asistencia en el proceso legal para conceder estado de refugiado a las personas. Este servicio, previamente, sólo era disponible a través de abogados privados u organizaciones no gubernamentales (ONGs).

Pero otros desafíos han amenazado la calurosa (aunque desigual) bienvenida a migrantes y refugiados. Desde la firma del acuerdo de paz en 2016, la frontera con Colombia se ha vuelto más insegura, a raíz que un entendimiento informal entre las FARC y el ejército ecuatoriano de evitarse entre sí—siempre y cuando las FARC no usaran violencia—se disolvió, dejando un vacío de poder y la multiplicidad de grupos criminales pequeños que veían ventaja en usar violencia. De acuerdo con la brigada militar en Tulcán, Ecuador, el número de acciones ilícitas ha incrementado, creando una situación de seguridad más compleja que a menudo puede resultar en la estigmatización de todos los colombianos.

El secuestro y asesinato de tres reporteros ecuatorianos y el secuestro de una pareja ecuatoriana por un disidente de las FARC en 2018 resultó en la declaración de una emergencia nacional y la escala de retórica sobre una crisis de seguridad en la frontera. Cuando un venezolano acuchilló y mató a su novia embarazada en Ibarra en enero de 2019, al crimen tan mediático le siguieron de inmediato protestas antiinmigrantes y ataques a venezolanos. La zozobra creció aún más cuando el presidente Lenín Moreno insinuó en un tuit que los venezolanos eran los culpables de la inseguridad. En este contexto muchos migrantes han reportado haber sufrido discriminación, y los colombianos reportaron que su situación se ha vuelto invisible a manera que la entrada de venezolanos al país ha dominado los encabezados de la prensa.

A pesar del acuerdo de paz, los colombianos desplazados no pueden regresar

El conflicto colombiano interno de medio siglo—el más largo en el hemisferio—produjo el mayor número de refugiados en América y el número más alto de personas internamente desplazadas en el mundo de acuerdo al ACNUR. La violencia aumentó en el 2000 a raíz del Plan Colombia, un programa de ayuda militar de EEUU que incrementó la capacidad bélica colombiana y que llevó la pelea a áreas rurales cerca de la frontera que anteriormente habían sido territorio de facto de las guerrillas. Como resultado, el número de colombianos desplazados buscando refugio en Ecuador se fue por las nubes, de un total de 36 personas en 1999 a 1594 en el año 2000. Para el 2003, Ecuador recibió 12463 solicitantes de asilo, de los cuales aceptó 2714 como refugiados. En diciembre de 2016, después de años de negociaciones, el gobierno colombiano y las FARC llegaron a un acuerdo de paz. Inicialmente rechazado en un plebiscito muy apretado—a pesar de un apoyo muy fuerte de colombianos desplazados que estaban afuera del país y aquellos que estaban en las partes más afectadas por el conflicto—fue modificado y aprobado después por el congreso.

Cuadro 1. Encuestando migrantes en Quito, Ecuador

En julio de 2019 los autores llevaron a cabo una encuesta que cubrió seis grupos diferentes de migrantes viviendo en Quito. El número de personas fue 720 e incluyó a colombianos, venezolanos, cubanos, haitianos, chinos y ecuatorianos retornados. Las encuestas fueron administradas por Opinión Pública Ecuador con la asistencia de Yifan Ren. En este artículo, los autores presentan algunos de los resultados para la población colombiana (120) y se comparan con los venezolanos (120) y el resto total de los migrantes. Ya que algunas de las encuestas previas por uno de los autores en 2009 y 2013 de colombianos en Quito emplearon algunas de las mismas preguntas, en algunos casos los autores pudieron comparar como las respuestas han cambiado al pasar del tiempo.

A medida que el proceso de paz progresó, el gobierno ecuatoriano y las organizaciones internacionales comenzaron a reducir el apoyo en anticipación de que muchas personas regresarían voluntariamente a Colombia. Sin embargo, tres años después del acuerdo, la seguridad no ha mejorado lo suficiente como para que los colombianos en Ecuador consideren regresar. Mientras que las FARC se han desmovilizado y en general han tomado el proceso en serio, grupos restantes continúan empleando violencia con frecuencia: cientos de líderes sociales y defensores de los derechos humanos, especialmente aquellos de descendencia indígena o africana, han sido asesinados desde el acuerdo. El número de ese tipo de homicidios se duplicó de 2017 a 2018, de acuerdo con un reporte de Fundación Ideas para la Paz.

Esta instabilidad se ha desbordado al otro lado de la frontera, con colombianos en Ecuador sufriendo también amenazas de grupos armados más pequeños con presencia a ambos lados de la frontera. Por lo tanto, continúan con temor de regresar al mismo tiempo que los niveles de apoyo internacional han disminuido.

Experiencias de Refugiados Colombianos en Ecuador

Colombianos en Ecuador viven en un contexto complejo y a menudo vulnerable. La mayoría han escapado amenazas en su país de origen, y pueden haber perdido familiares, granjas o negocios. Pueden sufrir discriminación por parte de los ecuatorianos, quienes los asocian con el conflicto. No siempre hay un entendimiento de la diferencia entre refugiados y otro tipo de migrantes; de acuerdo con un líder de una ONG, para algunos ecuatorianos “refugiados son simplemente migrantes con historias más tristes.”

Barreras sociales

Ecuador se esfuerza en proveer extranjeros con los mismos derechos que los ecuatorianos. Refugiados pueden trabajar sin ninguna autorización adicional, y Ecuador garantiza a los migrantes acceso a educación, servicios sociales, y algunos documentos (como por ejemplo licencias para conducir y certificados de nacimiento). Sin embargo, la discriminación es un problema clave: los colombianos se enfrentan a barreras sociales para encontrar trabajo y vivienda, y para poder inscribir a sus hijos en la escuela. Mientras que 36 por ciento de los más de 32,000 estudiantes extranjeros en escuelas primarias ecuatorianas eran colombianos en 2017, la falta de documentos apropiados o recursos financieros hace que el tener acceso a ciertos programas educativos, como actividades extraescolares, muy difícil. Hasta el 40 por ciento de los refugiados colombianos de edad de bachillerato en Quito pueden ser excluidos de la escuela a raíz de falta de documentos. Los mismos obstáculos hacen difícil obtener trabajo fuera del sector informal.

De los colombianos encuestados, 62 por ciento dijeron haber sufrido discriminación desde su llegada a Ecuador (en comparación con 48 por ciento de los venezolanos). Este número ha disminuido de 83 por ciento en el 2013. Alrededor de dos de cada cinco colombianos reportaron ser víctimas de un crimen en los últimos 12 meses (comparado con un quinto de venezolanos).

Figura 2. Porcentaje de migrantes colombianos y venezolanos que reportan discriminación en Ecuador, 2019

Fuente: Tabulación de respuestas a la pregunta de encuesta, “Ha enfrentado discriminación?”, julio de 2019. Totales para las poblaciones colombianos y venezolanos, y total general para los seis grupos (n=720).

Al mismo tiempo, muchos migrantes colombianos en Ecuador no tienen confianza que las autoridades del estado puedan ayudarlos cuando lo necesitan. Dos terceras partes de aquellos que fueron encuestados en 2019 dijeron que no tendrían confianza en el sistema judicial para nada o sólo un poco si fueran víctima de un crimen violento, y el 40 por ciento reportó que no tenía confianza en la policía para nada (comparada con 21 por ciento de venezolanos). De aquellos que en la encuesta del 2013 dijeron que fueron victimados por un agresor ecuatoriano, 42 por ciento dijeron que no hicieron nada en vez que reportarlo a la policía (y sólo 34 por ciento fueron a la policía). En 2009, 55 por ciento reportaron no haber hecho nada. Este efecto está racializado: es mucho más probable que los migrantes afro-colombianos en Quito decidan no hacer nada después de ser víctimas en comparación con migrantes mestizos.

Figura 3. Porcentaje de migrantes colombianos y venezolanos que reportaron ser víctimas de un crimen, 2019

Fuente: Tabulación de respuestas a la pregunta de encuesta, “Ha sido víctima de un crimen en los últimos 12 meses?” (contestaron “sí”), julio de 2019.

Los colombianos a menudo usan la invisibilidad como estrategia de sobrevivencia. Su acento puede identificarlos en espacios públicos, y puede hacer que sean blancos de discriminación—el más grande “marcador de diferencia” además de ser colombiano, de acuerdo con la gente que respondió la encuesta. Aunque muchas asociaciones colombianas de migrantes organizadas durante la primera parte de la presidencia de Rafael Correa (2007-2011) influyeron en las provisiones migratorias que cambiaron con la reforma constitucional, estas organizaciones se han debilitado y vuelto mucho menos visibles desde entonces. Muchos colombianos prefieren no participar en política para poder integrarse a la sociedad ecuatoriana y no saltar mucho a la vista. Cuando se les preguntó si participarían en una campaña de información pública, la mayoría de los colombianos encuestados dijeron que jamás participarían en algo así. Cuando grupos de manifestantes colombianos acamparon frente la oficina ACNUR en Quito en 2015 y 2019 demandando atención a sus casos o pidiendo el reasentamiento en un tercer país, su éxito fue limitado y la forma en que los medios lo cubrieron fue poco favorable. En resumen, los colombianos en Ecuador a medida intentan mantener un perfil bajo, y cuando no lo hacen, formas de activismo más contenciosas no son muy efectivas.

Integración local ha sido la “solución duradera” propuesta por ACNUR durante las últimas dos décadas, dado lo prolongado del conflicto en Colombia que ha hecho regresar inviable y la poca disponibilidad de terceros países que acepten a los refugiados para reasentamiento. El acuerdo de 2016 subió un poco las esperanzas que regreso voluntario pudiera convertirse en una opción. Sin embargo, el implemento desigual del acuerdo ha frustrado esas esperanzas.

Puntos de vista sobre el proceso de paz y expectativas (cambiantes)

El proceso de paz colombiano fue ampliamente aclamado como innovador por la forma en que se incluyeron las voces de las víctimas. Aun cuando el 54 por cierto de colombianos en el extranjero apoyaron el acuerdo de paz en el plebiscito del 2016, algunos pensaron que era demasiado suave con las FARC. Otros lo describieron como un paso positivo, pero estaban más preocupados de como (y si acaso) sería implementado con las suficientes garantías de seguridad, especialmente cuando el Ejercito de Liberación Nacional (ELN, otro grupo armado) no se desmovilizó. Desde que el acuerdo se firmó, poco ha cambiado en las vidas de los colombianos desplazados en el extranjero.

El líder de una organización que ha trabajado muy de cerca con la comunidad migrante colombiana compartió que muchos de los colombianos en el Ecuador se sienten desilusionados con el proceso de paz:

“Afuera de Colombia, hay una gran frustración hacía el acuerdo de paz. La gente se siente desilusionada y frustrada fundamentalmente con su implementación o falta de implementación. Tenían esperanzas de poder volver a Colombia…los problemas de Colombia son mucho más complejos que los de Venezuela, con una historia más larga. No se pueden arreglar dentro de un proceso de paz de dos años y bajo [el presidente colombiano] Duque, Colombia está yendo para atrás y la situación se esta volviendo aún más complicada.”

Figura 4. Opiniones de colombianos y venezolanos sobre donde imaginan vivirán y donde les gustaría vivir en cinco años, 2019

Fuente: Tabulación de respuestas a la pregunta de encuesta, “Dónde piensa que vivirá versus dónde le gustaría vivir en cinco años?”, julio de 2019.

Cuando se les preguntó en 2013 donde imaginaban estar viviendo en cinco años, solamente el 8 por ciento pensaban que estarían de regreso en Colombia. Sesenta por ciento pensaban que todavía estarían en Ecuador, mientras que 30 por ciento pensaban que estarían viviendo en un tercer país. En 2019, estos números cambiaron sólo levemente. Catorce por ciento de las personas encuestadas se imaginaron regresando a Colombia dentro de cinco años, mientras que el 36 por ciento pensaban que seguirían en Ecuador, y 40 por ciento pensaban que estarían en un tercer país.

A pesar del leve aumento de esperanza de poder retornar a Colombia, la variación de los que creen que se quedaran en Ecuador comparada con los que imaginan que vivirán en otra parte sugiere que los migrantes ven un futuro poco prometedor en Ecuador en comparación con encuestas previas.

Comparaciones de experiencias migrantes en Ecuador

Hay varias diferencias que surgen cuando se comparen las experiencias de migrantes colombianos y venezolanos en Ecuador. Los colombianos parecen tener menos confianza en las organizaciones de asistencia a los migrantes, incluyendo las del estado y las no-estatales. Por ejemplo, 29 por ciento de migrantes colombianos entrevistados dijeron que no tenían confianza en ACNUR, comparado con el 12 por ciento de venezolanos. La desconfianza de los colombianos ha crecido al pasar el tiempo, de menos de 15 por ciento en 2009 a más de 30 por ciento en 2019. Números similares de colombianos indicaron una falta total de confianza en la Dirección General de Refugiados en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana, el defensor del pueblo y las organizaciones de migrantes en general en Ecuador (alrededor de 30 por ciento, 31 por ciento y 36 por ciento, respectivamente); mientras que un número mucho más pequeño de venezolanos sentían la misma falta de confianza hacia esas organizaciones (16 por ciento, 11 por ciento y 13 por ciento respectivamente).

En entrevistas con varios líderes de organizaciones venezolanas, ellos percibían las relaciones con estas instituciones como importantes para abordar las necesidades de la población migrante venezolana. Los líderes de una organización dijeron que grupos religiosos como el servicio jesuita y la iglesia católica son aliados importantes. Del mismo modo, el 43 por ciento de los migrantes venezolanos reportaron tener mucha confianza en la iglesia. En contraste, sólo el 10 por ciento de los colombianos compartieron esa actitud.

Por otro lado, una importante similitud entre ambos grupos es el consenso de permanecer fuera de la política: aproximadamente el 60 por ciento de ambos grupos no expresó ningún interés político. Además, alrededor del 92 por ciento de los colombianos y el 98 por ciento de los venezolanos dijeron que no habían participado en una reunión abierta del gobierno local. Más del 71 por ciento de ambos grupos expresaron que nunca participarían en una organización local, y un número minúsculo había participado en una junta de un partido político mientras vivían en Ecuador.

Figura 5. Desconfianza de migrantes colombianos y venezolanos en instituciones ecuatorianas, 2009, 2013, 2019

Nota: La Dirección General de Refugiados es en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana.
Fuente: Tabulación de respuestas a la pregunta de encuesta, “Cuánta confianza tiene en las siguientes instituciones?”, 2009, 2013 y julio de 2019, ellos que contestaron “Sin confianza.”

Un líder venezolano entrevistado por los autores enfatizó la importancia de la supervivencia sobre la participación política o el activismo para la mayoría de los migrantes cuando deciden venir a Ecuador. Como resultado de las restricciones del estado a la participación política pública de las personas que no sean ciudadanos ecuatorianos, algunas organizaciones venezolanas no han alentado el activismo o la movilización política. Sin embargo, otro representante dijo:

Hemos establecido nuestras propias redes de medios y hemos logrado aparecer en canales de noticias y programas televisados de discusión para decirles a las personas quienes somos. Es la mejor manera de decir quiénes somos y hacer visible el problema venezolano. Sólo he visto a dos representantes colombianos en la televisión cuando vivía en Ecuador. La norma es que un inmigrante permanece en silencio, pero los venezolanos, siendo caribeños, son más abiertos, y prefieren ganarse la confianza al ser visibles.”

Una conferencia de prensa organizada por varias organizaciones venezolanas después de los ataques xenófobos en Ibarra en enero de 2019, por ejemplo, permitió a los líderes de la comunidad hablar con una sola voz para rechazar la violencia y que los hicieran chivos expiatorios.

Un líder de una organización venezolana dijo que muchos de los migrantes venezolanos que llegan a Ecuador siguen muy apegados a Venezuela y no tienen el mismo enfoque que otros migrantes en integrarse y establecer una nueva vida en Ecuador. Otro representante de la comunidad mencionó que la mayoría de los migrantes venezolanos les gustaría regresar a su país, y que tienen la esperanza de que se produzca un camino tangible para la reconstrucción con un posible cambio de régimen. A pesar de que casi el 93 por ciento de los venezolanos expresaron una opinión negativa del gobierno de su país, existe una genuina esperanza de que la situación mejore lo suficiente como para que su migración en Ecuador sea temporal. En contraste, cuando se les preguntó a los migrantes colombianos dónde les gustaría vivir en cinco años, el 45 por ciento de los encuestados respondieron otro país que no era ni Colombia ni Ecuador. Esto muestra tanto la falta de esperanza de que las condiciones en Colombia mejorarán pronto como el deseo de una mejor situación de vida que la que tienen en Ecuador.

Discurso político sobre la migración en Ecuador va en evolución

A pesar de las disposiciones constitucionales y las leyes de movilidad humana de Ecuador, el estado ha reducido gradualmente la fuerza y la coherencia de la implementación de protecciones para los refugiados, al mismo tiempo que ha comenzado a tratar la inmigración como un problema de seguridad. Esta tendencia y el discurso de la misma comenzaron bajo el presidente anterior, Rafael Correa, especialmente con su decreto presidencial 1182 que endureció las restricciones y dificultó la solicitud de asilo.

Además, las palabras “refugiado” y “ACNUR” han aparecido con menos frecuencia a lo largo del tiempo en los medios de comunicación ecuatorianos desde 2012, mientras que “la movilidad humana” ha aparecido con mayor frecuencia, según análisis de más de 800 artículos periodísticos en los medios ecuatorianos por uno de los autores. La difícil situación de los colombianos se ha vuelto menos visible en comparación con el flujo hipervisible de venezolanos, lo que ha perjudicado a ambas poblaciones, mientras que el discurso de “inmigración como seguridad” se ha intensificado bajo Moreno.

Moreno ha propuesto varias restricciones que implican requisitos de pasaporte, visa, o certificados de antecedentes penales para que los venezolanos ingresen legalmente al país o soliciten visas. Dado que es casi imposible para la mayoría de los venezolanos obtener estos documentos de un régimen disfuncional, estas restricciones (algunas de las cuales han sido impugnadas o revocadas con éxito en los tribunales) equivalen a la exclusión selectiva de los migrantes venezolanos forzados a salir de su país. El decreto 826 de julio de 2019 exigió todos estos documentos, más una tarifa de USD50 por una visa de “residencia humanitaria excepcional temporal” que sólo se puede solicitar en terceros países. (El requisito de visa entró en vigor en agosto pasado). El jefe de migración en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, Christian Krüger Sarmiento, argumentó que estos requisitos de Ecuador no disminuirán la migración, sino que sólo aumentarán la inseguridad al empujar a los migrantes desesperados hacia cruces informales, aumentando las oportunidades de extorsión por parte de los grupos criminales que controlan esas rutas.

Mas paciencia y voluntad política será necesaria para alcanzar la integración

A medida que continua su desplazamiento masivo, los venezolanos siguen los pasos de un éxodo colombiano más antiguo, más complejo y ahora menos visible. Como la promesa del acuerdo de paz colombiano aún no se ha cumplido plenamente, los colombianos conservan un estado de limbo en Ecuador, con la atención del mundo puesta en los venezolanos recién llegados, incluso cuando la promesa de un retorno seguro a Colombia sigue fuera de alcance. Voluntad política y la paciencia por parte de los países vecinos como Ecuador debe coincidir con el compromiso continuo de Colombia de adoptar plenamente la implementación del acuerdo de paz para poder alcanzar la paz tanto en Colombia como más allá de sus fronteras.

Mientras tanto los colombianos continuarán haciendo todo lo posible para integrarse localmente en Ecuador, al igual que un número creciente de venezolanos. Los vendedores ambulantes, los trabajadores domésticos, los trabajadores de la construcción, y otros que ocupan la economía informal representan el peldaño inicial para la integración económica de estos grupos aún cuando la participación política sigue siendo una esfera en gran medida cerrada para los migrantes. Si bien Ecuador ha extendido una alfombra de bienvenida para extranjeros en el pasado, colombianos y venezolanos están descubriendo que está cada día más desgastada.

Este articulo fue preparado con fondos de la beca DOFFFER de la Facultad de Políticas y Estudios Globales John W McCormack de la Universidad de Massachusetts Boston y de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS) en la Universidad de Johns Hopkins.

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