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El aumento de la migración en América Latina y el Caribe ha marcado el comienzo de una nueva era volátil

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[00:00:01.24] - Andrew Selee

Bienvenidas y bienvenidos. Gracias por acompañarnos el día de hoy. Yo soy Andrew Selee, el presidente del Instituto de Políticas Migratorias, y me da mucho gusto darles la bienvenida a la mesa redonda, a la conversación sobre En Movimiento: Realidades Migratorias en Rápida Transformación en América Latina y el Caribe. Es por un lado el lanzamiento de un libro que tiene ese título y al mismo tiempo realmente un conversatorio sobre el tema más amplio de las políticas migratorias en América Latina y el Caribe. En un momento vamos a escuchar las palabras de los autores del libro que están aquí presentes, pero primero, antes de nada, me da mucho gusto presentar a Dan Restrepo, exdirector senior del Consejo Nacional de Seguridad. Senior Director of the National Security Council para el Western Hemisphere, para el hemisferio occidental, y también socio en Dinámica Américas, una firma de consultoría en el hemisferio. Dan, gracias por acompañarnos el día de hoy y te paso la palabra para dar las primeras palabras aquí de esta sesión.

 

 

 

[00:01:12.21] - Dan Restrepo

Muchísimas gracias, Andrew. Gracias a todos ustedes estar con nosotros. Voy a hacer dos cosas. Voy a hablar un poco sobre el libro Pero creo que ojalá de una forma que enmarca la conversación que va a seguir. Y primero que todo quiero felicitar a Andrew, a Valerie, a Diego y Ariel por haber escrito este libro en este momento. Es un libro importante en un momento clave. Y creo que es un libro tan importante por una razón muy básica. Y esa razón básica es que la conversación sobre migración, y en particular sobre política pública migratoria, Es una conversación llena de distorsiones. Y en el mundo en que vivimos no tenemos el privilegio de quedarnos en esas distorsiones. Hay 5 distorsiones de mi juicio que enfrenta este libro de manera frontal. La primera es que en muchas ocasiones la conversación sobre migración, en particular sobre política pública migratoria, hace algo muy paradójico: borra al migrante. Hablamos de cifras, de olas, de números, de dinámicas, pero nos olvidamos que a fondo la movilidad humana es precisamente eso. Se trata de seres humanos. De su primera página hasta su última, este libro no se olvida de eso, y creo que eso es importante.

 

La segunda distorsión es algo muy americano y estadounidense, es que se trata el tema migratorio de forma ahistórica. Si no entendemos el contexto histórico de lo que está ocurriendo en la actualidad, y no lo hacemos en muchos temas, la migración no es la única, el único tema en que esto ocurre, no tenemos la capacidad de entender lo que está ocurriendo ahora y lo que va a venir. Este libro pone claramente a los fenómenos de hoy en su debido contexto histórico. Tercero, la conversación sobre migración suele ser una conversación en blanco y negro, simplificando tanto las motivaciones de movilidad como las respuestas a ello. Este libro entiende que la movilidad humana es compleja y las respuestas a la movilidad es complejo. De Gris, acepta Gris en su presentación tanto del porqué de la movilidad como las respuestas que hemos visto a lo largo de Latinoamérica y el Caribe. La cuarta distorsión que enfrenta este libro es una que ocurre muchísimo en esos países que se piensan los receptores de la migración. Es decir, de los países toma una perspectiva la conversación sobre migración, en demasiadas ocasiones toma la perspectiva del norte global. Pero como sabemos, la realidad es otra, y este libro lo bien entiende.

 

La respuesta mayoritaria al desplazamiento humano en este hemisferio, en el hemisferio occidental, en la última década, se ha dado por, para y desde la propia Latinoamérica y el Caribe. La última de las 5 distorsiones que creo que nos distraen muchas de nuestras conversaciones sobre migración y el manejo de migración es y que este libro no hace. Este libro hace lo opuesto. Este libro describe el mundo como es, no como quisiéramos que sea. En muchas conversaciones sobre inmigración, los que están presentando su visión siempre están presentando su visión y no están interactuando de una manera real con el mundo actual. Esto en particular, creo, y el libro lo hace, se refleja más en el trato de las políticas de acogida. Entonces, muchos de los quienes elogian la acogida de la región de migrantes, y para dejarlo muy claro, creo que es algo que se debe elogiar, lo hacen con demasiado romanticismo. Lo hacen, no reconocen que la acogida y políticas de restricción conviven en muchísimos casos, ni ven los límites de la integración real de migración aún en países con políticas avanzadas de acogida. Este libro no se tapa los ojos de esa forma y nos invita a entender la complejidad de la respuesta a desplazamientos históricos en la región, sus límites y cómo se puede mejorar.

 

Y tenemos, creo que, y en eso tenemos el último gran aporte, no solamente del libro, sino de lo que ha ocurrido a lo largo de nuestro continente en esta última década. La movilidad humana ha cambiado, es indudable. Las respuestas y los mecanismos y los sistemas que se construyeron a mediados del siglo 20 ya no dan una respuesta al fenómeno moderno de movilidad. En ninguna parte del mundo y en particular en el hemisferio occidental. Entonces todos, en el norte global como en el sur, necesitamos nuevas respuestas y nuevos paradigmas. Los países de Latinoamérica y el Caribe han construido, obviamente sobre la marcha, una versión de esas nuevas respuestas que están muy bien explicadas en este libro. Y creo que hay mucho que aprender de ello. Pero para entender tenemos, necesitamos un punto de partida y creo que este libro representa ese punto de partida, de empezar a entender lo que ha ocurrido, lo que está ocurriendo tanto en la movilidad pero también la respuesta a esa movilidad, las distintas respuestas dentro de Latinoamérica y el Caribe a esa movilidad para ir formando una respuesta moderna adecuada, que da orden, que beneficia tanto a los países de acogida como a los migrantes.

 

Entonces creo que la región ha dado una respuesta que no ha sido bien entendida fuera de la región, quizás ni aún en la región, pero este libro es un paso muy importante para empezar el proceso de entender y replicar y ojalá mejorar sobre lo que se ha hecho en estos últimos 10 años. Y con eso quiero felicitar otra vez a los autores, han hecho un gran labor, y espero que esta conversación y muchas que siguen, de los que van a leer este libro y los que sus experiencias ya están reflejadas en este libro, que están con nosotros, podemos ir construyendo algo mejor que responde mucho mejor a el día de hoy y no quedarnos en una conversación distorsionada. Entonces, muchísimas gracias de nuevo, Andrew. Les felicito y agradezco a MPI también todo lo que hacen todos los días en este tema. Gracias.

 

 

 

[00:08:43.14] - Andrew Selee

Muchas gracias, Dan. Eso fue una gran presentación del tema. Justo has dicho todo lo que yo iba a decir. Entonces, yo creo que este libro sale de de una experiencia que hemos tenido, primero de investigar las políticas en la región, y dos, de acompañar en algunos casos a algunos actores, gobiernos, ONGs, organismos internacionales, líderes migrantes, en el debate que se está dando en la región sobre inmigración y políticas migratorias. Hemos podido ver de cerca algunos de esos temas y nos hemos metido para tratar de entenderlos. Y nos parece que si bien los debates de inmigración en el hemisferio occidental casi siempre terminan siendo un debate sobre las políticas de Estados Unidos, que más bien hay que resaltar las decisiones que se están tomando en la región. Partimos de la idea de que hay bases diferentes, vamos a hablar un poco de eso en un momento, bases diferentes de las decisiones, pero tampoco son utópicas, ¿no? Mira, la verdad es que, y tampoco son parejas, ¿no? De país en país las respuestas han sido diferentes, han sido matices diferentes. Siempre hay brecha entre la intención y la implementación, que es casi siempre cierto, pero más aún en una región que no había invertido mucho tiempo y recurso en temas migratorios antes y lo está haciendo muy rápidamente.

 

Pero al mismo tiempo, como decía Dan, hay mucho que aprender, ¿no? También hay elementos de la experiencia en América Latina y el Caribe de que pueden aprender otros países, otros países en desarrollo, por supuesto, en el sur global, pero también otros países en el en el norte global, como decía Dan, en los países desarrollados, que quizás regresar a entender algunas cosas que se ha hecho también pueden ser válidos para los países tradicionales de la migración, que se consideran tradicionales, y bien, no siempre han sido los tradicionales, pero los más estudiados. Con eso yo voy a empezar con los autores. Aquí tenemos los otros 3 autores del libro y vamos uno por uno. Diego, voy a empezar contigo, si te parece. Cuéntanos un poco por qué ¿Era un momento propicio para realizar este libro y para estudiar las políticas migratorias en América Latina? ¿Por qué es diferente como si lo hubiéramos hecho hace 10 años?

 

 

 

[00:11:08.17] - Diego Chaves-González

Bueno, pues un gusto, una feliz tarde a todos para quienes todavía, quienes ya estamos en la tarde, y una feliz mañana o fin de la mañana para quienes todavía están en horas de la mañana. Yo creo que antes de empezar también quisiera como agradecer a mis coautores, a ti Andrew, Ariel, Valerie, por este espacio. También un agradecimiento muy especial a Adán por su lectura y por ser nuestro moderador y gran aliado, además de la iniciativa de América Latina y el Caribe aquí del MPI, y a todas las personas que también hicieron posible este proceso, en particular a los líderes de la sociedad civil, las agencias de la ONU, la banca multilateral y algunos actores también del sector privado, pues además, por supuesto, de los gobiernos, quienes apoyaron y aportaron sus voces y experiencias en este esfuerzo que hicimos. Yo creo que América Latina, o lo que ha cambiado sobre todo en América Latina y que debemos hablar en este momento, es que hay una serie, un conjunto de subagendas al mismo tiempo dentro de la agenda migratoria como tal. Pensando específicamente en el caso de Suramérica, en el centro y en el epicentro, digamos, de nuestras discusiones todavía siguen estando los retos de la integración de la población venezolana.

 

10 años después de que inició, o que iniciaron, las primeras olas de este movimiento. Pero también aparecen unas nuevas dinámicas, como las deportaciones que se están anunciando, por ejemplo, y que podrían empezar a tomar ciertos volúmenes más altos. Deportaciones anunciadas desde los Estados Unidos. En el libro hacemos una pequeña reflexión sobre este tema, y es que hablamos de aquella D de demolición, que en la práctica significó una D de deportación, cuando Maduro mandó a escribir esa y con ello empezó un retorno masivo de colombianos que vivían en Venezuela en el año más o menos 2015. Más de 900.000 personas regresaron en esa época hasta el año 2021. Y digo, bueno, realmente regresaron porque muchos, como por ejemplo Juan Viloria, que es uno de los casos que nosotros tomamos para este libro, nunca habían vivido en Colombia aunque tuvieran derecho o incluso tuvieran en algunos casos la nacionalidad. Con la administración de Trump se han aprobado $170 mil millones de dólares para el control migratorio en los próximos 4 años, casi el mismo que se había aprobado en el total de las últimas 4 décadas. Y yo creo que la región debe prepararse para eso. No podemos seguir actuando de manera reactiva ante las, ante las políticas migratorias que hacemos cuando la emergencia ya está encima, en nuestras narices.

 

Necesitamos planes de reintegración reales y anticipados. Hemos visto algunos casos que son valiosos, digamos, como tomar de ejemplo, como lo que está tratando de hacer Guatemala. A pesar de que sean perfectibles, creo que son como buenos indicios. Y es, creo que, muy importante en este momento que la región tome mucha conciencia de lo que está sucediendo a nivel del hemisferio occidental y trabaje de manera coordinada dentro de los países, entre las distintas instancias institucionales, así como entre los países a través de las instancias y de las plataformas que ya en este momento existen. Otro tema son las remesas, que son un elemento central en este momento en América Latina. Los casos, por supuesto, más evidentes son los de Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Haití. Donde representan más del 20%, entre el 20 y el 27% del producto interno bruto. Pero también son fundamentales en países como Ecuador, como México, y por supuesto Colombia, donde equivalen casi el 3% del producto interno bruto. En el caso de Colombia, eso es más que el café, lo decía en el otro, en el otro webinario que tuvimos en inglés. Es decir, lo, la diáspora colombiana es lo que le aporta al producto interno bruto en Colombia, es más de lo que le aporta el café que es nuestro producto insignia como tal.

 

Y a esto se le suma el fortalecimiento de los sistemas de protección. La mayoría de las discusiones sobre el asilo y el refugio ocurren en el norte global, como bien menciona Dan, aunque la mayoría de los refugiados viven en el sur global. Entonces hay que también fomentar un poco esos debates y no podemos olvidar los temas también de movilidad laboral, que están tomando mucha fuerza en este momento. Entre 2021 y 2024, más de 500.000 colombianos y más de 400.000 ecuatorianos salieron del país, pero las estrategias que están desarrollando, que se están gestionando en este momento en los países, siguen siendo precarias. Ha habido avances, por supuesto, y reconozco los avances de muchos, que muchos países han tenido en colaboración con los países del norte global, en colaboración con el sector privado y otros actores, pero aún falta mucho. Finalmente, sobre las prioridades de los gobiernos, la migración todavía siento que se percibe como un problema más que como un activo. Y en América Latina tenemos ya problemas que se forman, digamos, por la vulnerabilidad de muchas de las personas. Entonces termina siendo un problema que se pone al final de la fila, y por ahora las políticas siguen siendo mayoritariamente también con un componente muy humanitario.

 

Con pocos esfuerzos de integración y con pocos esfuerzos de conectar esa integración con el desarrollo, con las apuestas de desarrollo que tiene América Latina. El gran reto es cambiar ese paradigma, cambiar esa mirada, empezar a hacer preguntas de desarrollo, incluir la migración en los debates, por ejemplo, las reformas que se están dando en materia de educación, laborales, pensionales, la parte demográfica también de cómo está cambiando nuestra sociedad. Los temas de productividad y de competitividad. Y yo pienso que solo así dejará de verse como un juego de suma cero que en este momento está afectando mucho los procesos de integración, los temas de cohesión social, han generado procesos de conflicto entre las comunidades. Y de esa manera también, si se logra meter como una herramienta y como un catalizador, podría convertirse realmente en un motor del desarrollo. Gracias, Andrew.

 

 

 

[00:17:23.18] - Andrew Selee

Ahí estamos. Muchas gracias, Diego. Vamos con Ariel y Valerie. Quiero preguntarles, decimos en el libro de que las políticas migratorias, y Dan lo decía hace ratito también, no son exactamente iguales que las políticas en Estados Unidos o en Europa, que hay matices distintos, hay quizás bases distintas para la toma de decisiones. No por eso lo debemos idealizar ni mucho menos, pero se ha desarrollado de forma diferente que en algunos de los países más tradicionales de la migración, o los que se decían que eran los países tradicionales de la migración. Ariel y Valerie, cuéntanos un poco por qué son distintos, ¿qué hay de distinto en todo esto? Y obviamente hay variación enorme de país en país.

 

 

[00:18:16.08] - Ariel Ruiz Soto

Empiezo yo. No, mira, es muy buena pregunta, Andrew, y pienso que tenemos que empezar desde el principio, que es que Latinoamérica y el Caribe en realidad desde ya décadas antes han tenido un flujo migratorio importante entre sí, y lo que hace, lo que ha hecho que la fundación de este tipo de acuerdos o políticas migratorias generalmente sea una más abierta a la movilidad humana como una parte de lo que estamos viendo que está cambiando ahora. Están más abiertas a recibir a personas. De hecho, muchos de los países han firmado la Declaración de Cartagena para ampliar su aspecto a la respuesta de refugiados y de asilo. Pero también estamos viendo cambios en los cuales están cambiando los fundamentos. Que ahora, por ejemplo, estamos en el libro platicando sobre 4 cambios importantes en el fundamento de este tipo de políticas, incluyendo que hay un un interés en aumentar los controles migratorios por los flujos que se han visto entre la región, que también hemos visto al mismo tiempo una intención de expandir las maneras legales, los vehículos para poder migrar legalmente hacia otros países. Me refiero no solamente a maneras de poder salir del país a trabajar, pero también otro tipo de vehículos.

 

Y como dijo Diego, bien, bien, bien, en el caso de Sudamérica en particular, Enfocarse en la integración de personas que están siendo desplazadas de otras partes de la región. Y finalmente, y creo que es lo más importante que hemos visto en esta última respuesta, especialmente con el presidente Trump en la Casa Blanca, defender a sus nacionales fuera de sus países, defenderlos en Estados Unidos, pero también defenderlos en la región. Estos fundamentos varían o dependen en 4 puntos claves. La capacidad institucional que cada país tiene para poder llevar a cabo ese control o defensa de migrantes. Segundo es que muchos de estos, de este tipo de políticas, dependen en la política geográfica de estos países. Aquellos que están más cerca de Estados Unidos suelen adoptar un control más de migración más alto que otros que están más afuera, pero también entre sus aliados, como bien lo mencionó Diego, Colombia y Venezuela son un buen ejemplo. También depende, y creo que no son las suficientes, sobre los cambios en la opinión pública en Latinoamérica y el Caribe. La opinión pública está cambiando de una manera que está haciendo en ciertas partes de la región más difícil que migrantes puedan trasladarse por sus países o por esas regiones, pero también en otros casos más fácil para poder accederles servicios y protección.

 

En particular porque muchos de los países están buscando conceder ese tipo de servicios o programas para personas que siendo deportadas o retornadas a sus países, pueden estar afuera del país por mucho tiempo. Y finalmente, tiene mucho que ver también la política simbólica que tienen los países por mucho tiempo atrás. Siempre se ha hablado, aunque quizás no ha existido, pero se ha hablado de una unificación latinoamericana sobre política en general. Se refiere a hermanos o hermanas países, a connacionales, no solamente por la historia, pero por la cultura. Y la mayoría de los países en Latinoamérica y el Caribe hablando español también les unifica ese tipo de experiencia. Además de eso, tenemos que ver cómo va a cambiar este tipo de fundamentos, pero claramente estamos viendo que los países están cambiando su estrategia hacia el futuro, respondiendo obviamente a diferentes amenazas de Estados Unidos y de otros, pero también respondiendo a los mismos públicos de sus países, que pienso que muchas veces no hablan lo suficiente para poder hacerlo. Lo dejo ahí para que Valerie pueda hablar un poco más también de esto.

 

 

 

[00:21:50.12] - Andrew Selee

Sí, Valerie, ¿cómo lo ves tú? Y que, por ejemplo, el Caribe ha habido una búsqueda de cierto tipo de unión, de cierto tipo de espacio compartido. Se ha visto lo mismo un tanto en Sudamérica, en Centroamérica. ¿Qué hay de diferente en los impulsos de la política migratoria en la región?

 

 

 

[00:22:11.11] - Valerie Lacarte

Sí, gracias. Voy a Seguir con las palabras de Ariel, porque yo creo que en el caso del Caribe siempre ha tenido ese discurso, ¿verdad? Que alrededor de la identidad caribeña, o sea, hay muchos acuerdos y mecanismos de migración que no están solamente enfocados en la migración tal cual, pero realmente que están, están basados en una visión y un marco legal que es ambicioso para facilitar la movilidad humana y realmente llegar a una unión económica, una unión de los países. Así que con él, claro que estoy haciendo referencia especialmente al marco legal de la comunidad caribeña, la CARICOM, que tiene ya más de 50 años, y hay otros acuerdos subregionales que son relevantes y que también establecen un marco legal para facilitar el movimiento de las personas. Y de hecho, hasta el vocabulario que se usa en esta región es diferente. Por ejemplo, tenemos a veces como analistas hablamos de migrantes intrarregional, por ejemplo, pero allá en el Caribe hay que hablar de movilidad regional, o sea que para ellos se está hablando de un país, de otro país hermano caribeño, no estamos hablando de un inmigrante que no es de la región, ¿verdad? Así que yo creo que esta proximidad cultural, la realidad geográfica, la historia también de dependencia al exterior, con el exterior, todo eso tiene una influencia hoy en cómo se habla del tema o cómo se aborda el tema migratorio.

 

Pero también tenemos que decir que esa apertura, que es más para los demás caribeños, representa una parte del Caribe. ¿Quién es realmente caribeño? Es una cuestión que es muy, es una pregunta que es muy importante importante, y de hecho en el libro tratamos del tema de entrada para decir que, bueno, hay la CARICOM, por ejemplo, pero fuera de la CARICOM tenemos países importantes como Cuba, como la República Dominicana, que tienen poblaciones mayores y que hablan español, que no hacen parte de la CARICOM. Y también hay varios países, en el libro tratamos de 15 otras naciones que no son soberanas, pero que hacen parte del Gran Caribe. Y entonces con esos países también hay que pensar cómo, cómo, cómo fluyen o cómo, cómo la migración ocurre y cuáles son los mecanismos que existen para la migración. Pero aún así, con esas diferentes o con esos desafíos, siempre hay esa visión, digamos, que es más abierta tal vez de lo que vemos en otras regiones.

 

 

 

[00:25:38.12] - Andrew Selee

Muchas gracias. Vamos a pasar, tenemos 5 minutos más o menos, y vamos a ir a las preguntas que ustedes tienen, la audiencia, porque nos interesa mucho que esto sea interactivo. Pero quería preguntar, Diego, empezamos contigo, Había mucha colaboración entre los países de América Latina y el Caribe con la administración Biden. ¿Cómo funcionó? ¿Qué funcionó? ¿Qué no funcionó? ¿Qué hubo ahí? Y luego voy con Ariel para hablar un poco de quizás de cómo está cambiando ahora con la administración Trump. Pero Diego.

 

 

 

[00:26:13.17] - Diego Chaves-González

Sí, Andrew. Yo creo que lo más importante en términos de cooperación que hubo con la administración Biden Fueron quizás dos cosas, digamos, de manera hemisférica, de manera regional, de muchos países colaborando con muchos países. La primera fue el tema de la Declaración de Los Ángeles, que fue una instancia muy innovadora e importante de diálogo y de cooperación entre los países. Si bien recordamos, hasta ese momento la cooperación era sobre todo a nivel subregional. Los flujos que teníamos en ese momento estaban basados en unas burbujas muy específicas: venezolanos, en Sudamérica, haitianos en el Caribe y de pronto un poco también en Sudamérica, centroamericanos hacia los Estados Unidos, nicaragüenses en Costa Rica. Y había mecanismos de cooperación que de alguna manera respondían a esas realidades, pero esas realidades fueron mutando y fueron cambiando, quizás motivadas por temas como, por ejemplo, la misma pandemia, que sacó a muchas personas que ya tenían su como su red y su entrada, digamos, de ingresos en los países que primero los acogieron y decidieron irse, por ejemplo, a lugares como Estados Unidos o México a buscar mejores oportunidades. Entonces, de alguna manera, la Declaración de Los Ángeles responde como un elemento, un instrumento innovador a esto mismo. Ahí pasan varias cosas.

 

Primero, que hay una duplicidad de esfuerzos. Las mismas plataformas que ya existían a veces tenían a los mismos actores sentados en la misma mesa. Y por otro lado, no lograron de alguna manera motivar algo que me parece que fue muy importante desde el comienzo, y es lograr que fuera algo, un instrumento acogido no solamente por Estados Unidos, que hizo parte, digamos, de este propósito, y que eso también lo hizo innovador en sí mismo, sino que fue un compromiso más bien limitado porque los gobiernos lo veían como una política muy del gobierno de Biden. No como una política de toda la región, y una política que quizás no iba a poder lograr trascender ciclos políticos en los Estados Unidos más allá del cuatrenio. Entonces, esto de alguna manera, si a esto le sumamos, por ejemplo, en términos de cooperación, las oficinas de movilidad segura, que eran un instrumento de alguna manera para proveer sistemas de pues como un mecanismo de reasentamiento y de protección y de integración también hacia los Estados Unidos, y que también fungió como una forma, digamos, de contrarrestar la migración irregular que se estaba dando en ese entonces por el Darién, fueron entendidas en América Latina como prácticas y políticas muy dadas por una administración demócrata, no necesariamente como unas políticas de cooperación acogidas desde su nacimiento por América Latina y con una especie como de duda de los países latinoamericanos que esto iba a poder de alguna manera sostenerse en el tiempo.

 

Entonces yo creo que ahí hay una lección clara que nos deja este esfuerzo que siento y considero fue muy valioso, avanzó mucho el diálogo entre los países. Y es que la cooperación hemisférica puede y debe ser innovadora, pero necesita continuidad, necesita apropiación real por parte de los gobiernos de la región y un equilibrio en la gestión de los— como en la parte temática, en lo que es gestión de los flujos versus apoyo a las agendas de integración o de reintegración, o el manejo de las mismas diásporas u otros temas que de alguna manera fueron llegando conforme pasaron, digamos, los meses en donde tuvieron, digamos, debate en la declaración, como por ejemplo temas de cambio climático o acercar mucho más a los países caribeños a estos espacios de diálogo como tal.

 

 

 

[00:30:15.03] - Andrew Selee

Ariel, ¿qué ha cambiado entonces? I mean Diego pinta un cuadro que es más o menos bonito, pero con algunos grises también, bastantes grises, porque los países no confiaban que era una política de estado, sino política de administración. Lo cual resultó ser cierto. Entonces, ¿qué cambió entonces ya con la llegada del presidente Trump?

 

 

 

[00:30:36.07] - Ariel Ruiz Soto

Mira, sí, en su segundo mandato el presidente Trump lo que ha hecho es priorizado el control migratorio como su agenda hacia el exterior en Latinoamérica, y eso pienso que lo saben ya los países, los gobiernos de Latinoamérica y del Caribe, lo saben muy bien, lo han utilizado de hecho de manera estratégica en las negociaciones con Estados Unidos No solamente los líderes tradicionales que colaboran con Estados Unidos, como México, Centroamérica, pero hasta Paraguay recientemente firmó un acuerdo con Estados Unidos para recibir a personas de tercer país en su país. Entonces, este tipo de amenazas, este tipo de negociaciones a fuerza con Latinoamérica y el Caribe ha intensificado las presiones que existían antes durante el presidente Biden, pero ahora las ha hecho más transaccionales. Los gobiernos ya saben que esto es tan importante para la migración que pueden entonces de esa manera buscar puntos de acuerdo con ellos para poder generar más o mejores políticas. En este caso, creo que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha sido una de las mejores que han tenido esa estrategia buscando llevarla a cabo. No es perfecta, claramente, pero sí es un ejemplo interesante en la región. Otros países, incluyendo Honduras y hasta Costa Rica, Panamá, han buscado recibir a personas de tercer país, de tercer país, para poder mejorar su relación con Estados Unidos.

 

Eso en algunos casos les ha ayudado, en algunos casos les ha perjudicado, pero claramente lo reconocen. Quizás para mí lo otro más importante que no se habla mucho sobre este caso es que también los países están empezando algunos están empezando a pensar sobre cómo poder utilizar la migración que transita por sus países o que se busca quedar en sus países por más tiempo como un beneficio hacia su desarrollo económico en el futuro. Los, muchos de los países de la región ya están envejeciendo en sus sociedades, todavía no al nivel como Estados Unidos o Canadá, por ejemplo, pero muchos de los países están empezando a envejecer, incluyendo a México, y están buscando en este momento también interpretar ¿qué pueden ser las ganancias y las ventajas de la migración al futuro? Si más países se enfocan en eso, pienso que va a ser un beneficio para la región y también entre, intrarregional, cómo pueden agilizar ese tipo de acuerdos que tienen ya bastantes en la región.

 

 

 

[00:33:02.08] - Andrew Selee

Y Valerie, ¿qué más hay que agregar de todo esto? Y te paso ya la moderación porque tú vas a a moderar la siguiente parte, pero antes, si quieres agregar cualquier cosa a lo que han dicho.

 

 

 

[00:33:15.12] - Valerie Lacarte

Por supuesto, gracias. Bueno, creo que podemos empezar con lo que no ha funcionado. Por ejemplo, en el caso del Caribe, la importante declaración de América Latina ha tenido, bueno, hubo un respaldo limitado por parte del Caribe y De manera importante, como los países que tenían más desafíos y que tal vez lo necesitaban más a la declaración de América Latina no se juntaron, que son la República Dominicana, Trinidad y Tobago y las Bahamas. Ahora, a pesar de eso, yo creo que la— bajo la administración de Biden, Hubo bastante inversión a través de las organizaciones regionales como la OIM y ACNUR, y a través de ellas eso abrió la puerta o la oportunidad de, bueno, en el caso del Caribe, para tener diálogos regionales que fueron muy importantes para reimaginar o actualizar las instituciones migratorias que ya existen, para seguir construyendo y seguir adelante con la visión y los planes de la CARICOM. De manera importante, por ejemplo, en el 2023, los jefes de gobierno de la CARICOM anunciaron que querían avanzar con la plena y libre movilidad de todas las naciones del Caribe, de la CARICOM. Y entonces eso fue importante, fue un paso importante, porque hasta ahora la mayoría de la movilidad, lo que es los acuerdos, están muy enfocados en la movilidad de los trabajadores, pero con esa declaración del 2023, por lo menos hay una conversación más amplia para también incluir temas como el desplazamiento debido al cambio climático y de manera importante, los refugiados y la cuestión de los migrantes con necesidades de protección.

 

 

 

[00:35:50.24] - Valerie Lacarte

Así que, Hubo también el programa de regularización en Belice en el 2021. Eso también fue bajo la administración de Biden. Y yo creo que como todo el entorno, todas las conversaciones regionales en aquel tiempo tenían una, tenían la, la, las, el optimismo que se necesitaba para llegar a estas iniciativas en el Caribe. Entonces, con eso, puedo empezar entonces con la sesión de las preguntas como está indicado en el chat, si ustedes tienen preguntas, por favor, si las pueden poner en el Q&A, lo que dice Q&A, eso me ayudaría. Pero para empezar, Quiero darle la palabra a Ariel. Bueno, todos contribuimos al libro, pero cada uno de nosotros tenemos una región especializada, ¿verdad? Entonces Ariel lideró el capítulo sobre México y América Central, Diego sobre Sudamérica, y yo en el Caribe. Entonces con Ariel, unas preguntas, Ariel, sobre la región de México y Centroamérica. Claro que México ha jugado un y sigue jugando un papel muy importante en términos de la gestión migratoria de los Estados Unidos. Entonces, si nos puede decir en unos minutos brevemente cómo ha evolucionado la colaboración bilateral entre México y Estados Unidos en los últimos 10 años y cuáles son los beneficios para México en esa relación.

 

 

 

[[EN LA SECCIÓN DE PREGUNTAS Y RESPUESTAS DE LA TRANSCRIPCIÓN, NO SE IDENTIFICA A LOS INTERLOCUTORES POR NOMBRE. CONSULTE LA GRABACIÓN PARA IDENTIFICAR A LOS INTERLOCUTORES.]]

 

 

 

[00:37:50.18] - Hablante 4

Gracias, Valerie. Mira, pienso que no hay país más importante para la gestión migratoria de Estados Unidos que México. México ha sido el socio más importante para Estados Unidos en términos de control migratorio por décadas, pero recientemente, desde 2000 2019 para adelante, México ha tomado un rol que ha evolucionado significativamente. En particular, no solamente porque ha accedido a tener acuerdos donde empieza a imponer nuevos controles migratorios en su propio territorio, pero también porque está buscando o está más abierto a recibir a personas de tercer país hacia su territorio desde Estados Unidos. Durante el presidente López Obrador, también en principios de la primera etapa del presidente Trump, se firmaron acuerdos para poder recibir a personas que estaban buscando solicitar asilo en Estados Unidos y esperar en México. Durante Biden, el presidente López Obrador accedió también a continuar ese tipo de regreso a México desde Estados Unidos, pero también expandió las características de las personas que pueden ingresar de Estados Unidos a México, incluir también a Venezuela, a Haití, a Nicaragua y otros países. También México impuso diferentes restricciones de visado para poder ingresar a México, usualmente del país que más estábamos viendo ingresos a Estados Unidos en la frontera.

 

 

 

[00:39:09.18] - Hablante 4

Y de poco a poco México llegó a tomar una de las más restrictivas políticas de inmigración por su territorio. Claramente hemos visto que el cambio, que no hemos visto, que hemos visto que ese cambio continúa, que se ha evolucionado, continúa. De hecho, desde mayo del año pasado hasta principios de este año, abril, marzo, México detenía a más personas de manera indocumentada o que eran indocumentados irregular, viajando de manera irregular por su territorio que Estados Unidos. Y esto dice mucho sobre la intención del gobierno mexicano para poder ayudar a reducir ese tipo de flujo. ¿Qué le interesa a México entonces si es que está haciendo todo ese tipo de acciones? A México le interesa nada más importante que sus nacionales en Estados Unidos. México ha buscado proteger a personas acá bajo sus 53 consulados en Estados Unidos para poder llevarles más acceso a protección, para poder defenderles en tribunales de inmigración, para poder reducir que sean arrestados o puestos en procesos de deportación hacia México, aunque hemos visto que obviamente continúan. Cabe recalcar que México, Honduras, Guatemala y El Salvador combinados, juntos, son 66%, 67% de toda la población indocumentada en Estados Unidos. Y por eso, son los que son más posiblemente deportados o arrestados hacia su país de origen.

 

 

[00:40:42.08] - Hablante 4

Pero también cada país ha formado ese tipo de protección para ellos. En el futuro, pienso que lo que más beneficiaría a México no solamente sería participar y colaborar con Estados Unidos, pero también considerar en qué manera la migración que ahora están llegando a México puede aprovecharla para poder tener mejor desarrollo económico y poder ingresar o tener más flujo, ese tipo de flujo de diferentes habilidades para mejorar sus recursos y la agenda doméstica que busca. La migración no es tan politizada como es en Estados Unidos en México, pero sí claramente está tomando un nuevo tono en su opción o percepción pública, en lo cual puede llevar un olas y diferentes tipos de cambios en opciones de la propia población mexicana. Pero pienso que por sí todo, en general, México ha manejado de manera estratégica la relación con Estados Unidos. Ahora falta ver qué es lo que México puede hacer para sacar adelante su política doméstica y llevar a cabo mejores y más tratados con no solamente Estados Unidos, pero otras partes de la región.

 

 

 

[00:41:47.20] - Hablante 5

Gracias, Ariel. Una pregunta, Diego. Claro que el tema de los venezolanos es muy importante y bueno, lo tratamos en todas las regiones realmente del libro, del hemisferio. Entonces ya estamos como 10 años después, ¿verdad? De que de este fenómeno que realmente ha transformado la región, pero Sudamérica en particular. ¿Nos puedes hacer unos comentarios sobre qué ha funcionado? ¿Qué lecciones tal vez podemos entender hoy día? Y cuál sería, y si puedes hacer unos comentarios sobre la migración laboral, porque tenemos algunas preguntas sobre eso.

 

 

 

[00:42:33.03] - Hablante 1

Gracias. Mientras Diego checa el micrófono, algunas personas han preguntado el libro. Yo creo que la mejor forma de conseguirlo en este momento en América Latina, en Brasil, y en los países hispanohablantes es en Amazon, porque yo lo chequeé ahorita y sí está presente en Amazon Brasil y en Amazon de otros países. Probablemente lo más eficiente. Desgraciadamente no tenemos versión todavía en español, esperamos tenerlo en el futuro.

 

 

 

[00:43:01.09] - Hablante 5

Bueno, sí, gracias, Andrew. Andrew, tengo una pregunta para ti que es un poco más política. ¿Qué papel debería cumplir la OEA y su Comisión de Asuntos Migratorios. Sabemos que vamos a tener la reunión de las Américas, ¿verdad? En la República Dominicana. Y entonces, ¿cómo podemos ver el papel de la OEA y de la movilidad en asuntos como la movilidad laboral, el manejo de las remesas, Etcétera.

 

 

 

[00:43:38.15] - Hablante 1

Mira, yo creo que cada institución tiene que definir qué puede hacer, tanto por su capacidad inherente como por el momento político, porque casi todas las instituciones internacionales tienen que lidiar con un socio importante en el gobierno de Estados Unidos ya muy adverso a algunos de los temas migratorios que eran comunes antes, como las vías legales, ¿no? De llegar. Pero mira, yo creo que el tema que es menos político y quizás más importante es el tema de la integración y la reintegración, ¿no? Es el, los que ya se han migrado de un país a otro, cómo se les da las oportunidades para que pueden quedarse ahí, en qué estatus legal, que pueden contribuir a la economía, pagar los impuestos, a mandar sus hijos a la escuela. Hay grandes avances en América Latina y el Caribe, pero hay mucho más que hacer. Y la reintegración con las deportaciones, sobre todo desde Estados Unidos, creo que el retorno hay temas de que casi todos los países están viendo muy seriamente, que es como tomas a alguien que ha vivido en Estados Unidos u otro país en Europa o en otro país de América Latina, el Caribe, y está regresando a su país de origen, cómo por lo menos dotarle de los documentos de identidad necesarios y quizás también poder darle un poquito de ayuda para encontrar una vida sustentable hacia el futuro.

 

 

 

[00:45:05.12] - Hablante 1

El segundo es más complicado que el primero. Y creo que con eso tenemos a Diego otra vez. Yes.

 

 

 

[00:45:13.21] - Hablante 3

Hola, espero que me escuchen ahora sí.

 

 

 

[00:45:15.11] - Hablante 5

Ahora sí Diego.

 

 

 

[00:45:17.07] - Hablante 3

Disculpen, problemas tecnológicos que nunca faltan. Pues yo creo que con el tema de los 10 años, lo que estaba diciendo era que los gobiernos entendieron muy rápidamente Una lección que a mí me parece que fue importante, y es desde casi el comienzo de la crisis venezolana, los gobiernos dijeron: las herramientas que hemos diseñado y que tenemos en este momento para atender este desafío que se nos está viniendo encima, en el año 2015 digo yo, no son suficientes y necesitamos dar una respuesta pragmática a la situación como tal. Y yo creo que ese ejercicio que hubo de pragmatismo otorgando estatus, por ejemplo, regular, procesos de regularización a millones de venezolanos, fue algo realmente inédito, no solamente en la región, sino un ejemplo realmente para el mundo. Yo creo que 10 años después de la migración venezolana y de la transformación de la que tú me comentas, creo que eso fue un hito muy importante y un ejemplo también emblemático pues para el mundo. Siendo, digamos, o diciendo más bien esto, yo creo que hay como 3 reflexiones que me parece que son importantes mencionar. La primera de ellas es que los procesos de regularización y las políticas migratorias en América Latina han tenido discontinuidad, han sido políticas discontinuas.

 

 

 

[00:46:44.20] - Hablante 3

Ha habido mucho tabula rasa. Entonces, en Colombia, el permiso de protección o por protección temporal de 10 años fue o ha venido siendo, digamos, minimizado y eliminado gradual y progresivamente en esta administración, reemplazado por otro programa de regularización, de hecho lanzado a un año de las elecciones en Colombia y lanzado la semana pasada, el PEP Tutor. Sí, yo creo que ese tipo de ejercicios lo que hacen a la larga es que minan la confianza de quienes han depositado, digamos, un esfuerzo en llevar a cabo este tipo de procesos, no solamente población venezolana. Que estamos hablando también, por ejemplo, de los bancos, del sector privado, de las mismas instituciones de gobierno que han tenido que reformar sus propias políticas, sus propios sistemas de información para lograr que haya un proceso de integración efectivo. Entonces, cuando cambian las reglas de juego, esto mina la confianza. Y creo que aquí América Latina está cayendo un poquito en esa trampa como tal. Y esto, pues, tomé el caso de Colombia como un ejemplo, pero no es el único ejemplo, digamos, que hay en todo esto. En Ecuador hemos visto estas prácticas, en el Perú Y en otros países también hemos visto cómo estos procesos lo que generan es una fábrica de irregularidad en el largo plazo.

 

 

 

[00:48:03.03] - Hablante 3

Sí, sí, cambian las políticas y el migrante se vuelve irregular, se convierte entonces en una fábrica de irregularidad y no en una fábrica de regularidad hacia la integración efectiva de la población migrante. Entonces hay que trabajar, yo creo que como región, todo el ecosistema migratorio. Esto no solamente es un llamado, digamos, a los gobiernos, sino pues a toda la cooperación en general. En cómo mantener coherencia. Eso es muy importante. Un segundo punto es que necesitamos una especie como de, lo hablamos con Andrew, como de una integración de segunda generación con procesos, digamos, de registro mucho más rigurosos. Seguimos sin conocer muy bien, por ejemplo, 10 años después de la llegada de los primeros migrantes, quiénes son realmente los migrantes venezolanos. Sí, tenemos los datos, como dice Dan, los datos macro de esta población, pero cuántos realmente son, por ejemplo, doctores, ingenieros, qué especialidades tienen, cómo pueden, digamos, cuántos son jóvenes que necesitan, por ejemplo, atravesar la primaria, y a partir de eso cómo los enganchamos y cuál es nuestra ruta, digamos, de enganche hacia carreras técnicas, tecnológicas, profesionales, etcétera. Creo que nos falta todavía como mucho más análisis posterior, digamos, a estos primeros ejercicios de registro que se han realizado, y conectar esos registros con los principales sistemas de información que existen en los países.

 

 

 

[00:49:26.07] - Hablante 3

Los sistemas de información, por ejemplo, estadística de los países, los sistemas de información de seguridad social que existen en los países, los sistemas, digamos, de registro para tratar de ver, por ejemplo, en una población específica, si se está llevando a cabo un proceso de la construcción de un ferrocarril, cómo se puede conectar esa población migrante que está llegando a un lugar específico con la construcción, digamos, de un megaproyecto como tal. Y esto hemos visto en América Latina, por ejemplo, con el tema de la ley de víctimas en Colombia. Se han visto este tipo de ejercicios, o sea, no somos ajenos al conocimiento de cómo podrían, digamos, operativizarse este tipo de ejercicios, pero necesitamos trabajar mucho más como en avanzar en esos procesos de segunda generación de una integración mucho más arraigada. Y tercero, la migración sigue viéndose en América Latina como una crisis que se debe resolver, una crisis, un tema humanitario, un tema donde hay una población que es vulnerable. Y los hacedores de política, al ver esto, lo que hacen es ponerlo en la cola, haga fila, sí, lo ponen en la cola como un problema más a resolver que tiene que resolverse después de haber podido haber resuelto otros problemas como tal.

 

 

 

[00:50:41.00] - Hablante 3

Y no se está viendo realmente como un catalizador de los temas de desarrollo, sí, como una herramienta, digamos, que sirva para fortalecer las aspiraciones sociales más amplias que hay en nuestra sociedad. Entonces, cuando se habla, por ejemplo, de reformas educativas, de reformas al agro, de reformas a la salud, de temas de mejorar la productividad y la competitividad de ciertos sectores como el turismo, la agricultura, de los procesos de paz como en un país como Colombia, o de la resolución del conflicto armado incluso en en Ecuador, o de los, como de los acuerdos, digamos, entre las, entre los, entre los principales actores, digamos, de nuestra sociedad. Todavía la migración como que no entra en ese tipo de debate, entonces está aislada, digamos, del debate público, de la agenda pública. Y ese aislamiento también le está generando como, pues, como un rechazo, digamos, a la agenda misma, un rechazo a la al propósito mismo. Entonces, sobre eso también hay que trabajar. Quizás de pronto una añapa con todo esto, y conectándolo con el tema de movilidad laboral, es que la agenda migratoria en América Latina está trabajando desarticuladamente entre sí. Entonces, aquí hay diáspora, sí, los colombianos o los ecuatorianos que nos encontramos, por ejemplo, en los EE.UU., o los venezolanos que están en este momento en los EE.UU., o los guatemaltecos.

 

 

 

[00:52:03.15] - Hablante 3

Entonces está esa, esa agenda, digamos, migratoria. Está quienes están en tránsito, quienes están retornando, está todo el tema de la agenda de movilidad laboral tratando de atender un poco como un fenómeno de que hay una voluntad, digamos, a salir del país y cómo podemos hacer esto de una manera que le aporte al desarrollo. Y está toda la agenda de integración. Todas estas agendas no están interactuando, no se están coordinando entre sí. Muchas veces incluso la interlocución que tenemos nosotros con estas agendas son con diferentes personas que están en diferentes lugares dentro del gobierno, dentro de los gobiernos. Entonces es muy importante volver como a pensar un poco, a resetear un poco la agenda y mirar, bueno, cómo ha cambiado, cuáles son las transformaciones y las mutaciones que ha tenido esta agenda, y cómo podemos conciliar y coordinar mejor diferentes aspectos de la gran agenda de movilidad humana que existe hoy por hoy. En América Latina.

 

 

 

[00:53:01.18] - Hablante 5

Gracias, Diego. Tengo una pregunta para ti, Ariel, pero antes tengo una pregunta aquí para Andrew. Andrew, hay organizaciones promigrantes que están afirmando que existe un retroceso en materia de migración, especialmente en el caso de EE.UU., por ejemplo, bajo la administración Trump, la reactivación de restricciones de asilo que sabemos. Y bueno, entonces me pregunto, la pregunta aquí es, ¿será que podemos considerar que realmente hay un derecho, que existe un retroceso? ¿Cómo ves la situación?

 

 

 

[00:53:45.03] - Hablante 1

Bueno, este libro se trata de política migratoria en América Latina y el Caribe, no en EE.UU. EE.UU. intencionalmente, porque resaltar las políticas de región. Pero desde luego vemos desde la administración Trump un enfoque casi único sobre el control migratorio y la deportación, y muy poco sobre el sistema de visas y los procesos de llegada, ¿no? Y yo creo que hemos escuchado hasta el presidente Trump ha dicho en algunos momentos, reconoce que necesidades en el mercado laboral para migrantes en ciertos sectores, pero vemos muy poco de política hacia eso en este momento y realmente un enfoque casi unilateral en la parte de control. Y ningún sistema, mira, uno puede culpar a la administración Biden de haber faltado, tener una política de control y haberse nada más dedicado a la parte de facilitación, aunque hasta el final sí tuvo mucho más éxito en la parte de control. Pero por 3 años seguramente sí, pero esto ya es lo opuesto, ¿no? Estamos viendo todo el enfoque en la parte de control. Eso, como han dicho mis colegas, tiene un efecto en América Latina, porque obviamente en el Caribe, porque muchos de los países están presionados para hacer también, coadyuvar en el proceso de control migratorio de Estados Unidos.

 

 

 

[00:55:07.24] - Hablante 1

En general, ningún país puede no tener un control migratorio. Todos los países necesitan un control migratorio para que el sistema tenga integridad y tenga respeto y tenga respaldo del público. Entonces, pero digamos en este momento la única colaboración parece ser visible, parece ser la parte del control migratorio, y eso tiene un efecto en los países que sí quieren un poco más control. No hay que dudar que los países de América Latina y el Caribe también quieren más control sobre sus fronteras que antes, pero también están empeñados en la integración de los migrantes refugiados que han llegado a su territorio, ¿no? Pero hasta ahora, mira, siguen trabajando en lo suyo. Reciben algunos, coordinan algunas cosas con el gobierno de Estados Unidos, pero mira, parte del argumento en este libro es que si bien los países de América Latina y el Caribe son sujetos a presiones de Estados Unidos y de alguna forma para un lado, para otro, también toman sus propias decisiones en base de sus propias realidades. Y creo que en la mayoría de países estamos viendo eso, que siguen lo de Estados Unidos. A cambio, Estados Unidos sí tiene algún efecto, y como dijo Ariel, más efecto el país más cercano, a los países más cercanos a los Estados Unidos.

 

 

 

[00:56:29.10] - Hablante 1

Pero, pero hay otros países que sí, y casi todos siguen Tienen sus propias realidades, sus propias necesidades y sus propios criterios. Y eso merece, por eso el libro, eso merece entenderse, que también toman sus propias decisiones.

 

 

 

[00:56:43.24] - Hablante 5

Gracias, Andrew.

 

 

 

[00:56:47.21] - Hablante 5

Y bueno, para la última pregunta con Ariel, primero quisiera hablar un poco de los flujos migratorios, bueno, para darle seguimiento a esa intervención de Andrew, en los últimos años, en el último año, lo que hemos visto, verdad, al nivel del hemisferio, hemos visto un fenómeno, un nuevo fenómeno de migración inversa, verdad, a través del Darién. Hay ciertas poblaciones o olas de migrantes que han drásticamente disminuido, por ejemplo, a los Estados Unidos, hay menos encuentros de haitianos, mucho menos de haitianos, de cubanos. Al mismo tiempo, hay un aumento de solicitudes de asilo de cubanos en Brasil, por ejemplo. Entonces, Ariel, ¿nos puedes hacer un comentario sobre las tendencias más recientes en que estamos viendo en México y Centroamérica precisamente ¿Será que los migrantes se están quedando en México? Si están, sí, bueno, más basados sobre lo que tenemos como información, pero cuál la gente, ¿será que sigue tomando decisiones de salir y viajar hacia el norte? Y ¿qué estás viendo entonces en términos de tendencia de flujos migratorios? Gracias.

 

 

 

[00:58:16.23] - Hablante 4

Es una muy buena pregunta, gracias por la persona que la hizo. Pueden haber ciertas, es un poco complejo la pregunta, pero pienso que pueden existir diferentes tendencias al mismo tiempo. Uno, claramente que en casi en todo el hemisferio occidental la migración irregular se ha producido en casi en todos los países. En el Darién en particular, los números de personas buscando cruzar de manera irregular de Colombia hacia Panamá han caído casi a la mitad, sino más, de lo que estaban en el mismo mes del año pasado. En Honduras también se ha reportado cambio significativo, de un cambio muy bajo en las personas que pasaban por Honduras. Y en Estados Unidos, en la frontera con México, claramente se están dando entre 7 a 8 mil personas buscando entrar de manera irregular que son encontradas o detenidas en la frontera. Eso es con comparación a 7 a 8 mil que había en una semana o en un par de días antes, en el año pasado. So, claramente hemos visto una reducción en el cambio de la migración irregular. Al mismo tiempo, también existe, por ejemplo, más personas que están quedándose, buscando quedarse en México por más tiempo. De los primeros meses de enero a mayo del 2025, hubo casi el mismo número de personas que buscaban solicitar refugio en México que el mismo periodo del año pasado.

 

 

 

[00:59:35.16] - Hablante 4

Significado que la migración, o ni siquiera las solicitudes de refugio en México, no han cambiado tanto como muchos pensábamos. También hemos visto que, como creo que lo mencionó Diego, la migración inversa, la migración de regreso hacia Colombia, Venezuela, sí ha aumentado. Estamos hablando de 14,000 a 17,000 personas que se han identificado que están buscando regresar hacia Sudamérica desde México, de Centroamérica, sus países de origen. Esto es un número importante, no es un número alto en general, pero sí es un número importante que el que vimos antes. En México, para compararlo, estamos hablando de 30,000 a 36,000 personas que han buscado refugio en México en los primeros 5 meses de este año calendario. Entonces todavía hay más gente buscando llegar a Estados Unidos que antes, que las personas que están buscando regresar a sus países de origen, pero es menor que antes en su totalidad. Entonces podemos ver ese tipo de complejidad en los números, pero las líneas consideramos que sigue, continúa. Lo que quizás para terminar esta pregunta es importante es que según los números han bajado ciertamente han aumentado en algunas, en las características han cambiado de una cierta manera. En la frontera México-Estados Unidos, la mayoría de las personas que están llegando son mexicanos, centroamericanos, y particularmente guatemaltecos, mexicanos y guatemaltecos, a comparación de años atrás donde eran más venezolanos, ecuatorianos y peruanos de otros lugares que antes.

 

 

 

[01:00:55.23] - Hablante 4

Estamos volviendo a un tema de perfil de los flujos que habíamos visto en 2019. Pero también hemos visto que no solamente son mexicanos y personas guatemaltecas, sino también que son usualmente personas que viajan, que son adultos y que viajan solas buscando ingresar a Estados Unidos. No quiero de ninguna manera decir que los flujos no han cambiado en general, porque sí hemos visto claramente que esas son personas que han sido encontradas, que han sido detenidas. Claramente hay personas que no son detenidas, que cruzan por el desierto a horas de la noche para buscar no ser detenidas. Entonces, claramente hay esa posibilidad, pero en general los números han bajado, aunque pienso que también muchas personas están buscando quedarse en México si es que pueden o tienen los recursos para hacerlo, en un lugar seguro para ellos, para después intentar si es que quisieran llegar a Estados Unidos nuevamente. No me refiero a meses, pero quizás a 1 o 2 años después.

 

 

 

[01:01:48.12] - Hablante 5

Gracias, Ariel. Gracias a todos por sus preguntas, las preguntas muy interesantes que nos mandaron. Infelizmente no pudimos contestar a todo, pero Andrew, con sus últimas palabras, por favor, si nos puedes, si puedes cerrar el evento. Gracias, Andrew.

 

 

 

[01:02:09.13] - Hablante 1

Yo sé que estamos pasado tiempo, entonces para agradecer a Dan Restrepo para empezar por habernos acompañado, los autores felicitarlos y mis coautores, y Stanford University Press por haber publicado el libro. Muchas gracias también todos los que colaboraron en en la investigación. Y finalmente, simplemente un llamado para que todos entendamos que los países de América Latina y el Caribe también están jugando un papel muy importante en decisiones de política migratoria. Si bien mucha atención se pone siempre en Estados Unidos, este hemisferio, que también Canadá, por supuesto, que no tocamos en el libro, pero también los países de América Latina y el Caribe sí tienen un papel súper importante y tienen ideas propias panoramas y procesos propios de toma de decisión. Muchas gracias.

Highlights

América Latina y el Caribe se enfrentan a una nueva era de migración marcada por la inestabilidad: los avances en materia de solidaridad se están desvaneciendo, las presiones para deportar a los migrantes van en aumento y la cooperación regional está perdiendo terreno.

  • Desde 2010, el número de migrantes en América Latina y el Caribe se ha duplicado aproximadamente, impulsado en gran medida por el desplazamiento de más de 7.7 millones de venezolanos, de los cuales alrededor del 90 por ciento permaneció en la región.
  • El experimento de solidaridad de Sudamérica fue notable: Colombia concedió un estatus temporal a más de 2.5 millones de venezolanos, mientras que Perú acogió a 500,000. Pero esos esfuerzos también pusieron de manifiesto la fragilidad institucional.
  • En México y América Central, los gobiernos han tenido que equilibrar el deseo de ayudar a los migrantes recién llegados con el de controlar su movimiento hacia otros destinos.
  • Los países del Caribe han aumentado la integración regional, pero en su mayoría sin abordar el desplazamiento procedente de Haití, el mayor país de origen de la subregión.

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Un nivel histórico de migración está transformando las sociedades y la política en América Latina y el Caribe, dando paso a una etapa definida por la volatilidad. Desde 2010, la región ha experimentado flujos sin precedentes que prácticamente duplicaron el número de migrantes. Hoy, la migración es impredecible, multidireccional y cada vez más compleja de gestionar para los gobiernos. Los países se enfrentan, de manera simultánea, el desafío de integrar a personas desplazadas (principalmente venezolanos, haitianos, nicaragüenses y cubanos); responder a la migración secundaria que surge cuando las oportunidades de integración se agotan; gestionar las dinámicas de migración circular y de retorno; y lidiar con la creciente emigración de sectores de clases media desilusionadas con sus perspectivas en casa.

La región supo gestionar las primeras llegadas masivas, que comenzaron a principios y mediados de la década de 2010, gracias a respuestas inspiradas por la solidaridad. Los gobiernos —sobre todo, aunque no exclusivamente, los de América del Sur— adoptaron medidas audaces al abrir vías legales temporales y otorgar protección a millones de venezolanos y otros migrantes, lo que les permitió incorporarse rápidamente al mercado laboral y acceder a un estatus regular. Estas políticas constituyeron logros significativos y evidenciaron un pragmatismo notable, aunque rara vez se apoyaran en marcos institucionales sólidas y resilientes. Con frecuencia, los permisos temporales expiraron sin ofrecer un camino hacia la permanencia; muchos migrantes encontraron obstáculos para acceder a los sistemas de educación y salud; y los procesos de integración se mantuvieron desiguales. Estas limitaciones hoy alimentan la creciente volatilidad en la toma de decisiones políticas. Y, en la actualidad, los gobiernos sudamericanos que antes se inclinaban a regularizar a los recién llegados han suspendido buena parte de estos programas y no han conseguido vincularlos con la integración a largo plazo de quienes llevan años en el país.

La perspectiva de deportaciones masivas desde Estados Unidos amenaza con agravar las vulnerabilidades de los sistemas de integración en América Latina y el Caribe. Si el pasado sirve como prólogo —y dado que el 87 por ciento de todas las expulsiones realizadas por Estados Unidos entre los años fiscales 2021-24 tuvo como destino México y al norte de Centroamérica— el endurecimiento de la aplicación de las leyes de inmigración en las comunidades estadounidenses podría traducirse en un número significativamente mayor de repatriados hacia la región en los próximos meses y años. Si bien muchos gobiernos cuentan desde hace tiempo con programas de recepción y reintegración para asistir a sus connacionales, cualquier retorno repentino o masivo amenaza con desbordar sus capacidades, que ya son desiguales, especialmente cuando enfrentan otras presiones migratorias de manera simultánea. Y aunque las deportaciones masivas a Haití siguen siendo inviables dadas las difíciles condiciones en el país, la administración del presidente Donald Trump ha intentado poner fin a las protecciones temporales de cientos de miles de haitianos, exponiéndolos a la expulsión y aumentando el riesgo de una mayor desestabilización en el Caribe.

Esta doble realidad —una solidaridad que produjo éxitos en el corto plazo, pero dejó sistemas frágiles hoy sometidos a presiones crecientes— enmarca la historia más amplia de la migración en América Latina y el Caribe.

Al mismo tiempo, los esfuerzos de cooperación regional que habían florecido en los últimos años se ven cada vez más eclipsados por negociaciones bilaterales desiguales, centradas en la deportación, entre Estados Unidos y países individuales. Centroamérica y México se han convertido en destinos reacios, atrapados entre la presión de gestionar tanto el retorno y la reintegración de sus propios nacionales, como la recepción de ciudadanos de terceros países, en virtud de acuerdos impulsados por Estados Unidos. Para países como El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, donde las remesas representan entre una quinta parte y más de una cuarta parte de la economía nacional, los retornos a gran escala podrían sacudir los propios cimientos de sus economías.

Y en el Caribe, los marcos regionales para facilitar la libre circulación han avanzado de manera significativa, aunque con frecuencia dejando al margen a Haití, el principal país de origen de migrantes en la subregión. Los países que más haitianos acogen se han mostrado reacios a cumplir sus compromisos, amparándose en razones de seguridad nacional o se han mantenido al margen de los debates regionales sobre política migratoria.

En conjunto, estas experiencias ponen de relieve tanto las posibilidades como las limitaciones de la gobernanza migratoria en una región que enfrenta una nueva era impredecible.

Este artículo analiza estas dinámicas en el Caribe y Centroamérica y Sudamérica, y analiza la probabilidad de que la región se acerque a un punto de inflexión en la gestión de la migración. El análisis se nutre, en parte, de la investigación realizada para el libro de los autores, On the Move: Migration Policies in Latin America and the Caribbean (Stanford University Press, agosto de 2025).

El experimento migratorio de América del Sur tras una década de solidaridad

Ante el desplazamiento repentino de más de 7.7 millones de venezolanos desde 2014 —de los cuales alrededor del 90 por ciento permaneció en la región— América del Sur se convirtió en el escenario de uno de los experimentos de solidaridad más ambiciosos de la historia moderna de la migración. Los gobiernos reaccionaron con rapidez para abrir sus puertas a muchos de ellos. Al momento de redactar este informe, el mayor número de venezolanos desplazados se encontraba en Colombia (casi 2.8 millones) y Perú (1.7 millones; véase la Figura 1). En varios países, además, los venezolanos se sumaron a las comunidades haitianas que habían llegado en gran número tras el devastador terremoto de 2010.

Figura 1. Migrantes venezolanos en Sudamérica, 2025

Nota: No se incluyen los países que acogen a menos de 100,000 migrantes venezolanos.
Fuente: Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes (R4V), Mayo de 2025: Refugiados y migrantes venezolanos (N.p.: R4V, 2025), disponible en línea.

Las primeras respuestas fueron pragmáticas y de gran alcance. Colombia otorgó inicialmente dos años y luego diez años de estatus legal temporal, que terminó cubriendo a 2.5 millones de venezolanos. Un programa similar en Perú benefició a unas 500,000 personas. Brasil implementó visados humanitarios que facilitaron una rápida transición hacia la residencia permanente. Estas medidas permitieron a millones de personas incorporarse con rapidez al mercado laboral y acceder a los servicios, aliviando la presión humanitaria. Argentina y Uruguay recurrieron a acuerdos de movilidad regional para conceder estatus legal a los venezolanos, mientras que Chile y Ecuador utilizaron la flexibilidad de sus sistemas de visados para regularizar a muchos de los recién llegados. Estas políticas fueron posibles gracias —en la mayoría de los casos— a un idioma y una historia común, así como a los altos niveles de informalidad económica que facilitaban a los recién llegados la búsqueda de empleo, y a una poderosa narrativa de solidaridad, alimentada por el recuerdo de que muchos sudamericanos habían buscado refugio en Venezuela durante los conflictos y crisis de sus propios países.

Pero estas mismas políticas también expusieron la fragilidad institucional. Los permisos solían ser temporales; los sistemas de datos para vincular a los migrantes con los servicios esenciales y a armonizar las necesidades del Gobierno con el capital humano disponible seguían estando fragmentados; y el acceso a los servicios sociales resultaba limitado. En Colombia, el Estatuto Temporal de Protección para Migrantes Venezolanos (ETPV) fue suspendido para nuevos solicitantes en 2024 y reemplazado por un programa mucho más restringido dirigido únicamente a custodios legales de menores de edad, conocido como PEP Tutor. En Perú y Ecuador, los gobiernos surgidos de recientes elecciones han modificado repetidamente los requisitos de residencia. Estos cambios súbitos en la normativa erosionaron la confianza tanto de los migrantes como de los empleadores y las comunidades de acogida. Si bien el sector privado ha invertido en la formalización de los trabajadores migrantes, en varios casos perdió la confianza cuando las políticas cambiaron y los trabajadores volvieron a caer en la irregularidad. En la práctica, los derechos reconocidos en el papel carecían de una conexión efectiva con los sistemas de salud, educación y protección social.

La última década ha demostrado que los retos de la integración rara vez se circunscriben a un solo país. A medida que las normas cambiaban y las oportunidades se evaporaban, muchos migrantes volvieron a desplazarse, a menudo atravesando la selva del Darién rumbo a Centroamérica y, más al norte (véase más adelante), lo que incrementó presión sobre otros países.

Retos y oportunidades en tiempos de incertidumbre

Estas deficiencias políticas se ven ahora agravadas por la incertidumbre en múltiples frentes. Los gobiernos enfrentan la tarea inconclusa de integrar a los millones de personas que se encuentran en su territorio, al tiempo que gestionan nuevas llegadas y oleadas de salida. Entre 2022 y 2023, cerca de un millón de colombianos abandonaron su país, mientras que desde 2021 alrededor de 400,000 ecuatorianos han emigrado. Estos movimientos reflejan tanto el desencanto generalizado frente a las oportunidades limitadas y el deterioro de la seguridad, así como el atractivo que ejerce un país como Estados Unidos. Al mismo tiempo, es posible que se produzca una nueva oleada de llegadas, en forma de deportados de los Estados Unidos que necesitarán ayuda para reintegrarse.

La política añade otra capa de inestabilidad. En Chile, por ejemplo, el aumento de las tasas de homicidios se ha convertido en un tema central en la campaña electoral, centrándose principalmente en las bandas venezolanas que inicialmente llegaron para extorsionar a los migrantes, pero que rápidamente pasaron a controlar parte de la escena criminal a nivel nacional. De cara a las elecciones de noviembre de 2025, los candidatos han respondido con propuestas centradas en materia migratoria que incluyen militarizar la aplicación de la ley o intensificar la vigilancia de los extranjeros. Las próximas elecciones en Colombia, Brasil y otros países de la región podrían traer también nuevos giros políticos.

No obstante, esta imprevisibilidad también ofrece oportunidades. Al igual que en otras partes de la región, el aumento de las remesas está transformando las sociedades sudamericanas, aunque las políticas hasta ahora han tratado estas transferencias de dinero y otras dinámicas migratorias como asuntos de corto plazo, en lugar de integrarlos como parte de una estrategia de desarrollo más amplia. Vincular estos flujos con reformas del mercado laboral y otras políticas podría permitir a los gobiernos convertir tanto a sus poblaciones inmigrantes como a las emigrantes en catalizadores de dinamismo económico y social. Sudamérica ya demostró que la solidaridad, incluso expresada en programas de regularización, puede ofrecer a millones de migrantes una participación en sus sociedades de acogida. El reto ahora es aprovechar ese éxito y aprender de los errores del pasado.

Centroamérica y México se convierten en destinos

La migración mexicana hacia Estados Unidos tiene una larga historia que se remonta al siglo XIX, mientras que la migración centroamericana se intensificó en la década de 1980. Sin embargo, estos patrones cambiaron drásticamente en la década de 2010. En primer lugar, se produjo un rápido aumento de los centroamericanos que buscaban llegar a Estados Unidos, un fenómeno que se hizo especialmente visible en 2014 con la llegada significativa de menores no acompañados procedentes de El Salvador, Guatemala y Honduras. Ante las crecientes restricciones fronterizas de Estados Unidos, muchos migrantes comenzaron a permanecer temporalmente en México, lo que lo convirtió por primera vez en su historia reciente, en un importante país de destino. Posteriormente, en 2018, la represión de las protestas de opositores por parte del gobierno nicaragüense provocó que más de 300,000 nicaragüenses se trasladaran a Costa Rica, que ya acogía a un número menor, pero significativo, de colombianos y venezolanos desplazados.

Los gobiernos de México y Costa Rica respondieron, en parte, reforzando sus sistemas de asilo para ofrecer a las personas que huían del peligro la posibilidad de permanecer legalmente en el país. México, en particular, comenzó a enfrentar también presiones por parte del gobierno estadounidense para que tomara más medidas para intensificar el control en su frontera con Guatemala. Estas presiones aumentaron tras el levantamiento de las restricciones por la pandemia de COVID-19 en 2021, cuando grandes grupos de centroamericanos, sudamericanos, haitianos y otras personas comenzaron a atravesar la remota selva del Tapón del Darién, entre Colombia y Panamá, a menudo con destino a Estados Unidos (véase la Figura 2). En mayor o menor medida, todos los países de Centroamérica se vieron atrapados entre el deseo de brindar protección y asistencia humanitaria y la exigencia de controlar los flujos migratorios que llegaban o transitaban por sus territorios. En el caso de Panamá y México, la creciente presión de Estados Unidos cobró especial importancia como parte de los intentos de reducir los incentivos para continuar hacia el norte.

Figura 2. Cruces de migrantes por el Tapón del Darién, por año, 2010-25*

* Los datos para 2025 abarcan la primera mitad del año.
Fuente: Cálculos de los autores basados en Servicio Nacional de Migración de Panamá, “Estadísticas”, consultado el 9 de septiembre de 2025, disponible en línea.

La respuesta

México, Costa Rica y otros países centroamericanos se han mostrado relativamente abiertos a los recién llegados que se establecen dentro de sus fronteras, ofreciéndoles, en general, algún tipo de estatus legal condicional —por ejemplo, a través de solicitudes de asilo o visados humanitarios— aunque estos se han vuelto cada vez más difíciles de obtener. Al mismo tiempo, los gobiernos han desarrollado una mayor capacidad para disuadir a los migrantes de continuar su viaje hacia el norte. El gobierno mexicano, en particular, intensificó considerablemente sus esfuerzos para detener y deportar a los migrantes en situación irregular, permitiendo incluso que la Guardia Nacional participara en la aplicación de la legislación migratoria. Entre mayo de 2024 y marzo de 2025, las autoridades mexicanas interceptaron mensualmente a más migrantes en su territorio que la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos en la frontera entre ambos países.

En junio de 2024, la administración Biden restringió aún más el acceso al asilo en la frontera estadounidense, donde durante dos años se había registrado un número récord de personas que cruzaban sin autorización, lo que provocó un descenso constante de la migración hacia el norte. Con la toma de posesión de Donald Trump en enero de 2025 y la puesta en marcha de una campaña de “conmoción y pavor” contra la migración no autorizada, las cifras descendieron aún más.

Actualmente, los líderes de México y Centroamérica están más preocupados por sus propios ciudadanos que podrían ser deportados; más de dos tercios de los 13.7 millones de inmigrantes no autorizados presentes en Estados Unidos a mediados de 2023 procedían de estos países, según estimaciones del Instituto de Políticas Migratorias (Migration Policy Institute, MPI por sus siglas en inglés). La mayoría de los países han adoptado algunas medidas para acoger y prestar servicios básicos a los repatriados, y algunos empiezan a considerarlos como capital humano con habilidades que podrían aportar a las economías locales. Al mismo tiempo, los líderes prevén un futuro con menores flujos de remesas, lo que tendría un impacto directo sobre los hogares, el consumo y las cuentas nacionales.

Recuadro 1. Definiciones

En este artículo se analizan los siguientes países como parte de las subregiones de América Latina y el Caribe:

El Caribe incluye Anguila; Antigua y Barbuda; Aruba; las Bahamas; Barbados; Belice; las Islas Vírgenes Británicas; las Islas Caimán; Cuba; Curazao; Dominica; la República Dominicana; la Guayana Francesa; Guadalupe; Guyana; Granada; Haití; Jamaica; Martinica; Montserrat; Puerto Rico; San Cristóbal y Nieves; Santa Lucía; San Vicente y las Granadinas; Sint Maarten (parte neerlandesa); Surinam; Trinidad y Tobago; las Islas Turcas y Caicos; y las Islas Vírgenes de los Estados Unidos.

Centroamérica incluye Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.

América del Norte incluye México.

América del Sur incluye Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

El Caribe construye una arquitectura regional, dejando sin resolver la mayor parte del desplazamiento haitiano

La historia migratoria de los países del Caribe durante los últimos 15 años ha sido la de una creciente integración regional, sustentada en una serie de rasgos y desafíos compartidos, aunque en general, se ha negado a acoger a la población haitiana que ha huido de la crisis de su país.

En 2023, los 15 Estados miembros de la Comunidad del Caribe (CARICOM) renovaron en 2023 su compromiso de avanzar hacia una verdadera libre circulación, tomando como base el sistema ya existente que facilitaba la movilidad de personas con determinadas habilidades, y buscando también construir un mercado común y una unión económica. Desde 2011, los nacionales de los países de la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECS, por sus siglas en inglés) —Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, Montserrat, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas— pueden viajar, trabajar y residir de manera indefinida en los demás Estados miembros, sin enfrentar mayores trámites burocráticos.

El impulso integrador proviene, en parte, de la posición estratégica del Caribe como punto de tránsito para el comercio mundial. Su clima ideal y sus playas atraen a turistas internacionales durante todo el año. Sin embargo, los países han tenido dificultades para retener a los trabajadores en medio de la escasez de mano de obra y el envejecimiento de la población. Barbados y Jamaica, por ejemplo, han experimentado décadas de emigración, especialmente de docentes y enfermeros, y aún así, sus crecientes necesidades de mano de obra les obligan a depender de los trabajadores extranjeros. En este contexto, y en medio del reciente auge petrolero, Guyana ha flexibilizado sus políticas migratorias para fomentar la contratación tanto de miembros de la diáspora como de otros ciudadanos caribeños.

Sin embargo, la topografía de la subregión también la hace especialmente vulnerable a desastres naturales y a los desplazamientos que estos provocan, como evidenció el terremoto de 2010 en Haití, la devastación causada por el huracán María en Dominica en 2017 y el huracán Beryl en 2024, que arrasó partes de Granada y San Vicente y las Granadinas. En circunstancias como estas, la República Dominicana ha flexibilizado temporalmente sus políticas migratorias, aunque muchas personas también se han beneficiado de los acuerdos de movilidad laboral preexistentes en el Caribe Oriental. Además, la geografía de archipiélagos y múltiples puntos de entrada difíciles de controlar facilita el tráfico de drogas y personas, lo que ha dado lugar a problemas de seguridad.

La migración hacia los múltiples territorios del caribe pertenecientes a Francia, Países Bajos, el Reino Unido y los Estados Unidos recibe poca atención, pese a su importancia. Los empleos mejor remunerados en la industria hotelera y turística, junto con la posibilidad de acceder a las economías avanzadas de América del Norte y Europa, atraen a trabajadores de todas partes. Los ciudadanos de la República Dominicana, por ejemplo, constituyen una parte considerable de la población en Anguila y las Islas Turcas y Caicos (territorios británicos de ultramar), Curazao y San Martín (territorios neerlandeses), así como Puerto Rico (territorio estadounidense). Muchos de estos territorios tienen poblaciones nativas pequeñas y, en algunos casos, en declive, dependen en gran medida de la mano de obra migrante y carecen de autonomía en materia de política migratoria.

En Cuba, aunque la migración es reducida, varios acuerdos de cooperación contemplan el envío de profesionales de la salud a otros países del Caribe. En términos más generales, la isla atraviesa la mayor ola emigración de su historia moderna, impulsada por la recesión económica y al descontento político, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Mientras que antes la mayoría de los migrantes cubanos se dirigían a Estados Unidos, ahora también se están asentando a otros países de América Latina y el Caribe.

Necesidades humanitarias y el colapso de Haití

La región ha tenido que responder a migrantes con necesidades humanitarias, en su mayoría haitianos y venezolanos, además de un número menor de cubanos y africanos. A diferencia de Sudamérica, que intentó construir sistemas de migratorios capaces de acoger e integrar a las personas desplazadas, los gobiernos del Caribe han priorizado el crecimiento económico y el desarrollo. Las políticas dirigidas a los migrantes en situación de vulnerabilidad —como la respuesta de Trinidad y Tobago hacia la población venezolana que llegó al país— fueron diseñadas principalmente como medidas de emergencia. Una excepción fue el programa de regularización adoptado por Belice de 2021, que benefició principalmente a los centroamericanos.

La espiral de crisis económica y de seguridad en Haití ha llevado desde 2010 a cientos de miles de personas a abandonar el país, en especial a la vecina República Dominicana. Sin embargo, este tema ha estado en gran medida ausente de las conversaciones regionales. El bajo nivel de desarrollo económico y la profunda inestabilidad política en Haití tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021 endurecieron la postura de los líderes dominicanos hacia los haitianos. Sus políticas se han centrado en frenar nuevas llegadas, levantar un muro fronterizo y llevar a cabo deportaciones masivas, incluidas 276,000 repatriaciones a Haití en 2024. Aunque los líderes dominicanos han considerado regularizar a algunos trabajadores haitianos, la política migratoria sigue siendo mayoritariamente restrictiva.

La agitación socioeconómica de Haití ha ralentizado la aplicación de sus propios compromisos con la CARICOM. Y si bien se espera que la plena libertad de circulación en todo el bloque incluya finalmente a Haití, es poco probable que ello ocurra hasta que se atiendan las preocupaciones políticas y de seguridad del país. Los repetidos llamamientos de la CARICOM a la solidaridad con el pueblo haitiano, así como el papel de los negociadores regionales en el intento de resolver el estancamiento político, son un reconocimiento explícito de la necesidad de una solución colectiva y duradera.

Un punto de inflexión

América Latina y el Caribe se encuentran en un punto de inflexión en su enfoque hacia la migración. La última década demostró que la solidaridad podía traducirse en procesos de regularización a gran escala, ofreciendo a millones de venezolanos un estatus legal temporal y oportunidades de inclusión. Pero también dejó en evidencia lo frágiles que resultaban esos logros cuando no estaban anclados en instituciones sólidas o en agendas de desarrollo a largo plazo. Como muestra la experiencia de Sudamérica, la discontinuidad, la débil integración y los cambios políticos pueden erosionar la confianza y generar presiones para una nueva migración. La lección es clara: la integración es importante para la estabilidad tanto dentro de los países como en el conjunto del hemisferio.

Esta dinámica no se limita al sur. En América Central y México, los gobiernos enfrentan la doble presión de gestionar el retorno y la reintegración de sus nacionales, mientras funcionan a la vez como países de destino y de tránsito. El Caribe, por su parte, ha redoblado sus esfuerzos a través de distintos marcos regionales de migración, aunque aplicados de forma desigual y con la persistente exclusión de Haití. Cada subregión encara retos superpuestos, pero lo hace con frecuencia de manera aislada, desconectada de las demás estrategias de desarrollo.

La discontinuidad política también marca el pulso actual. Las elecciones recientes y próximas en Bolivia, Chile, Honduras, Costa Rica, Colombia, Perú y Brasil hacen que la política migratoria sea especialmente vulnerable a cambios abruptos. Mientras que la migración se había apenas politizado en la región —con la excepción de República Dominicana— hoy ocupa un lugar central en países como Chile y podría convertirse en un tema de peso en otros países. Además, los nuevos gobiernos de muchos países latinoamericanos se han visto tentados a reajustar sus agendas nacionales en lugar de basarse en lo que se había hecho anteriormente, lo que refuerza la discontinuidad.

Por último, se ha introducido un elemento de volatilidad en el ámbito de la financiación internacional, especialmente en lo que respecta a los programas de integración. La financiación ya estaba disminuyendo antes de 2025, pero el cierre de la mayoría de los programas de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) por parte de la administración Trump y las reducciones en la financiación del Departamento de Estado han disminuido aún más los recursos para los gobiernos de la región. Estos recortes en la ayuda podrían resultar contraproducentes, ya que a menudo eran la principal fuente de financiación de los programas destinados a reducir los factores que impulsan la migración irregular, así como a acoger y reintegrar a los repatriados.

Aun así, la cooperación regional puede resultar decisiva para el futuro. La histórica Declaración de Los Ángeles sobre Migración y Protección de 2022, firmada por 22 países de la región, proporcionó un marco común para los debates sobre migración en todo el hemisferio. Sin embargo, la retirada de la administración Trump del proceso iniciado bajo el gobierno de Biden debilitó este esfuerzo, que desde entonces ha perdido dinamismo. Otros foros regionales, como la Conferencia Suramericana sobre Migraciones y el Proceso de Quito (centrado en el desplazamiento venezolano), continúan activos aunque con presupuestos limitados y escasa visibilidad política. No obstante, siguen siendo fundamentales para sostener el diálogo, evitar la duplicación y mantener abierta la posibilidad de enfoques colectivos en una región donde las presiones migratorias son compartidas.

Diversas experiencias en la región muestran que la solidaridad es posible, incluso a pesar de las diferencias políticas e institucionales que caracterizan a América Latina y el Caribe. Los próximos pasos que adopten los de gobiernos no solo definirán el rumbo de la gobernanza migratoria, sino también la estabilidad y la competitividad de la región en las próximas décadas.

Fuentes

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