E.g., 06/17/2024
E.g., 06/17/2024
De los principios a la acción: una nueva agenda para el segundo aniversario de la Declaración de Los Ángeles
Governmental leaders at the May 2024 Los Angeles Declaration ministerial meeting in Guatemala
Chuck Kennedy/State Department

Del 6 al 7 de mayo del 2024, varios gobiernos del hemisferio occidental se reunieron en Guatemala para discutir La Declaración de Los Ángeles sobre Migración y Protección, un acuerdo sobre un conjunto de propuestas para manejar el movimiento de las personas a través del hemisferio de manera más coordinada, consistente y efectiva y a la vez, construir vías de movilidad seguras, ordenadas y legales. ¿Qué tan bien se han puesto aquellas propuestas en práctica a los dos años de la firma de la declaración? La reunión de Guatemala al igual que varias reuniones paralelas que incluyeron a gobiernos y organizaciones no gubernamentales se organizaron para evaluar los avances actuales y diseñar una agenda viable para el próximo año.

La reunión se llevó a cabo en un momento en el cual la migración a través de las Américas ha aumentado drásticamente. En los países de América Latina y el Caribe casi se duplicó el número de migrantes que viven en la región entre el 2010 y el 2022. Muchos de esos migrantes y refugiados fueron desplazados de Venezuela, Haití, Nicaragua, y otros países atravesando crisis política, económica o gubernamental. Mientras tanto, el número de personas llegando a la frontera estadounidense ha aumentado drásticamente desde el 2018, con un total de casi 1 millón de encuentros de migrantes en el año fiscal estadounidense 2019 y más de 2 millones en cada uno de los años fiscales 2022 y 2023. Mas de la mitad de los recién llegados a la frontera estadounidense vienen de países más allá de Centroamérica —algunos desde fuera del hemisferio— y la mayoría realizan viajes que atraviesan múltiples países y usualmente a través de la peligrosa selva Darién que se encuentra entre Colombia y Panamá.

Por lo menos tres factores explican estos cambios. El primero es, por supuesto, el paso acelerado de crisis de desplazamiento en el hemisferio, con más de 7.7 millones de venezolanos desplazados junto con cienes de miles de haitianos y nicaragüenses que han dejado sus países de origen en la última década. La mayoría de estos migrantes se han quedado dentro de América Latina y el Caribe, aunque cada vez más algunos se han dirigido al norte a los Estados Unidos y en cifras más pequeñas incluso a Canadá o Europa. Cambios en la tecnología, transportación y las redes de tráfico de migrantes han posibilitado trayectos aún más largos, con mayor cantidad de personas utilizando las redes sociales para navegar extensivos viajes y traficantes construyendo nuevas rutas de migración irregular, inclusive a través de la selva Darién que alguna vez se pensó infranqueable.

Cambios demográficos también han contribuido al aumento de la migración no autorizada, ya que el envejecimiento de la población en algunos países genera mercados laborales ajustados que atraen trabajadores del extranjero, y posiblemente este sea el mayor impulsor de migración hacia los Estados Unidos. Por último, los sistemas de gestión fronteriza, inclusive los de solicitud de asilo, se han visto tan abrumados por la cantidad de llegadas que frecuentemente se les dificulta hacer distinciones entre las personas que ameritan entrada para solicitar protección o algún otro alivio humanitario y aquellas que deben ser retornadas.

Muchos países en el hemisferio luchan por redefinir sus políticas migratorias y capacitarse institucionalmente para responder a estos cambios. En algunos países, especialmente en América Latina, los gobiernos han intentado de proveer protección humanitaria y otras avenidas para un estatus legal a las personas que han sido desplazadas. Al mismo tiempo, otros países intentan ajustar sistemas de visado, políticas de refugio y estrategias de gestión fronteriza de acuerdo con las cifras enormes de llegadas. En los Estados Unidos, un acuerdo en el Senado para ajustes modestos a la gestión fronteriza y con recursos que se necesitarían no logró avanzar ante la oposición tanto de la derecha como de la izquierda, sino hay algunos otros países han tenido relativamente más éxito en adaptar sus políticas. Al final de cuentas, éstas son decisiones soberanas que los gobiernos deben hacer sobre sus propias políticas, pero se ha vuelta cada vez más evidente que la cooperación entre los estados es esencial para asegurar que la migración se lleve a cabo de manera segura, ordenada, y regular, especialmente dado que a menudo las personas cruzan más de una frontera en un solo trayecto migratorio.

La Declaración de Los Ángeles sobre Migración y Protección, firmada por 22 gobiernos en junio del 2022, se enfoca en cuatro principios de colaboración:

  1. Apoyar a los países que acogen grandes poblaciones de refugiados y desplazados a través de mecanismos financieros innovadores que ayudan a proporcionar estatus legal y acceso a los mercados laborales, escuelas, sistemas de salud e instituciones financieras con el fin de apoyar tanto a los recién llegados como a las comunidades de acogida. De parte de los gobiernos del hemisferio ya se han hecho esfuerzos notables para lograr esto, pero en situaciones de escasez económica se necesita aún más apoyo externo para seguir avanzando.

  2. Ampliar los canales regulares para la movilidad, incluyendo esfuerzos para brindar protección humanitaria a quienes se enfrentan al desplazamiento y oportunidades laborales que ayuden a conectar trabajadores dispuestos de un país con la demanda laboral en otro. Los gobiernos de los Estados Unidos, Canadá y España han estado trabajando junto con países de América Central y del Sur para lograr esto a través de la Iniciativa de Movilidad Segura, la cual tanto reasentar a refugiados como ofrecer otras vías regulares como el programa estadounidense de libertad condicional para cubanos, haitianos, nicaragüenses y venezolanos (CHNV) que proporciona entrada legal y permiso de trabajo a patrocinados de ciertos países que enfrentan crisis. Mientras tanto, varios grupos regionales de países del hemisferio, incluyendo Mercosur y la Comunidad Andina (ambas en América del Sur) y la Comunidad del Caribe (CARICOM), han hecho posible que las personas se muevan entre los países participantes con mayor facilidad, incluso durante períodos de residencia y trabajo.

  3. Coordinar las políticas migratorias entre países para construir controles migratorios humanos y efectivos, incluyendo esfuerzos para abordar las redes de tráfico ilícito, ajustar las políticas de visados y apoyar a las personas que regresan a sus países de origen. Se han realizado intentos para refinar las políticas de visado y desmantelar las redes de tráfico de larga distancia, aunque esto a menudo se ha visto impedido por la naturaleza dinámica de estas redes que se ajustan rápidamente a los cambios sobre el terreno.

  4. Proporcionar respuestas coordinadas a emergencias, inclusive para crisis mayores de desplazamiento y migración a gran escala. Los países del hemisferio han estado bastante coordinados en respuesta al desplazamiento venezolanos a través del Proceso de Quito, que reúne los esfuerzos de los principales gobiernos anfitriones, y la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V), liderada por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y reúne a gobiernos donantes y anfitriones, organizaciones de la sociedad civil nacionales e internacionales y el sistema de las Naciones Unidas. Ha resultado mucho más difícil responder de manera coordinada al creciente número de personas que cruzan el Darién y se dirigen al norte, que provienen de docenas de países diferentes y tienen razones mucho más diversas para migrar.

La reunión de Guatemala sobre la Declaración de Los Ángeles a principios de este mes buscó analizar el estado de la cooperación en el hemisferio. Asistieron el secretario de Estado y el subsecretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos; los ministros de Relaciones Exteriores de México, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Jamaica y otros países; el viceministro de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía de Canadá; y otros altos representantes de los gobiernos signatarios de la declaración.

Los gobiernos hicieron algunos anuncios importantes durante la reunión ministerial, pero también hubo una serie de reuniones paralelas oficiales que buscaron resolver problemas en torno a los cuatro principios de la declaración. En estas reuniones paralelas, los gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, organizaciones lideradas por migrantes y refugiados, instituciones financieras internacionales, actores del sector privado, fundaciones e investigadores trabajaron juntos para producir una agenda de acción práctica para el próximo año. Algunos de los elementos que se prestan a esfuerzos específicos incluyen:

  1. Enfoques innovadores para el desarrollo de instrumentos financieros internacionales que podrían facilitar una mayor inversión en la integración de las poblaciones desplazadas y en el desarrollo de las comunidades de acogida.

  2. Medir el progreso en cuanto al acceso a los mercados laborales, escuelas, sistemas de salud e instituciones financieras para los migrantes y poblaciones desplazadas.

  3. Ampliación de las vías regulares de movilidad que puedan responder tanto a las dinámicas cambiantes del mercado laboral dentro (y más allá) del hemisferio como a las necesidades de protección humanitaria de ciertas poblaciones.

  4. Esfuerzos coordinados para abordar el tráfico de migrantes y establecer controles migratorios justos, humanos y eficaces.

  5. Medidas de emergencia para responder al gran número de personas que cruzan la selva del Darién.

La esperanza es que, para la próxima reunión ministerial dentro de aproximadamente un año, los esfuerzos tangibles de coordinación hayan avanzado y sea posible monitorear el progreso en términos prácticos hacia los principios de la declaración.

No todos estos esfuerzos se llevarán a cabo bajo el auspicio de la declaración, aunque responden a los mismos principios, ya que hay otros mecanismos de cooperación importantes que existen en el hemisferio. Durante las reuniones, por ejemplo, los gobiernos de México y Colombia anunciaron un esfuerzo conjunto con la OIM para poner un enfoque en las vías regulares de movilidad, con una reunión inicial en junio, mientras que el gobierno de Chile y el ACNUR destacaron el trabajo del Proceso Cartagena+40, que trata las políticas de protección humanitaria para los refugiados en América Latina y el Caribe. Mientras tanto, el gobierno de Ecuador en colaboración con el Banco Mundial presentó una propuesta ambiciosa para reimaginar la cooperación internacional y financiamiento de desarrollo para las poblaciones desplazadas y las comunidades de acogida. Además, varias naciones caribeñas llamaron atención a sus negociaciones activas para fortalecer la movilidad entre los países de CARICOM, lo que crearía un acuerdo flexible para la movilidad basada en habilidades.

La cooperación hemisférica no es un sustituto para las políticas internas de migración y desplazamiento que sean justas, consistentes y efectivas. Sin embargo, en una era de movilidad transfronteriza, dinámicas cambiantes de mercados laborales, crisis de desplazamiento y tecnología cambiante, las políticas internas por si solas nunca serán suficientes. La cooperación será cada vez más vital para construir un futuro en el que las personas se muevan a través de vías seguras, ordenadas y regulares, y en el que la migración sea una opción en vez de una necesidad.